MANZANEDA DE OMAÑA: Ven acá, chico divino,...

Ven acá, chico divino,
consuelo de mis pesares,
criadito entre las cepas
y pisado en los lagares.

Me dieron agua a beber
una mañana en ayunas
y la mandé desterrar
a las profundas lagunas
diciendo: agua cristalina,
madre de ranas y sapos
y lavadora de trapos,
¡beberte yo, nunca!

A las mujeres aguardiente y vino,
pero el agua para los bueyes
que tienen los cuernos duros.

Y si alguien no lo quiere creer
o hay quien lo contradiga
mejor quiero calor de frente
que no dolor de barriga.

Al saltar el arroyo
dijo la liebre:
bebe, Anita,
hasta que te ponga alegre.