Adórote, vino tinto,
nieto de la cepa albilla,
me puse a luchar contigo
y me echaste la zancadilla
Dime, licor valentón,
cuál es la tu parentela
que sin haber sido llamado
te hallas en todas las fiestas.
Yo, señores, soy traído
porque solo no viniera,
porque yo no tengo pies
para echar una carrera.
A mi madre la llaman parra,
de sobrenombre la llaman cepa,
a mí me llaman vino odioso
por la mar y por la tierra.
A mi abuela la metieron
en tinajas bien lavadas
y bien compuestas,
donde se enseñó a hacer zorras,
zorras con rabo, patas y orejas;
y desde allí pegó un brinco
desde los pies a la cabeza,
donde no respetó al rey,
ni al obispo, ni arzobispo, ni al Papa,
y el que muy recio bebe
por más rencillas se me escapa.
Tú me curas, tú me sanas
calenturas y cuartanas;
tú me curas, tú me sanas
tú me curas mil placeres
que vale más en ti un besito
que doscientos de mujeres.
nieto de la cepa albilla,
me puse a luchar contigo
y me echaste la zancadilla
Dime, licor valentón,
cuál es la tu parentela
que sin haber sido llamado
te hallas en todas las fiestas.
Yo, señores, soy traído
porque solo no viniera,
porque yo no tengo pies
para echar una carrera.
A mi madre la llaman parra,
de sobrenombre la llaman cepa,
a mí me llaman vino odioso
por la mar y por la tierra.
A mi abuela la metieron
en tinajas bien lavadas
y bien compuestas,
donde se enseñó a hacer zorras,
zorras con rabo, patas y orejas;
y desde allí pegó un brinco
desde los pies a la cabeza,
donde no respetó al rey,
ni al obispo, ni arzobispo, ni al Papa,
y el que muy recio bebe
por más rencillas se me escapa.
Tú me curas, tú me sanas
calenturas y cuartanas;
tú me curas, tú me sanas
tú me curas mil placeres
que vale más en ti un besito
que doscientos de mujeres.