CAZA MAYOR Y MENOR (NO HAY METÁFORA) POR ANTONIO DE ESCALADA (MIGUEL DE ESCALADA)
EDICIÓN FACSÍMIL.
PROLOGO DE JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ TORGA.
LEON, LIBRERÍA LA TRASTIENDA, 2004, 280 PP
Son bien conocidas las múltiples y variadas actividades del polígrafo Antonio de Valbuena, presente con heterónimos diversos en una obra variada y extensísima. Pero "El Melladín de Pedrosa" a pesar de su apasionada y diversa dedicación intelectual, no olvidó los placeres terrenales y de ellos no está ausente la caza. Una caza que, advierte, es "Caza mayor y menor". Pero a este cuerpo primero de la obra se añade un segundo, bajo el epígrafe "Deportes rurales. Costumbres", que no es inferior en atractivo popular y humano.
La caza se convierte para Antonio de Valbuena en un pretexto para acercarse a múltiples motivos. Si recuerda actividades cinegéticas tan curiosas como "La sal y las palomas", "La caza del oso" o "Cosas de la zorra", por ejemplo (sin olvidar la plástica visión de "Ell pozo de los lobos"), no excluye de su tratamiento literario la visión histórica en " ¿Pueden cazar los curas?" o el tono ejemplarizante del capítulo "El padre y el hijo".
Junto a la caza como entretenimiento, Antonio de Valbuena ofrece su visión de la cultura popular en la segunda parte de la obra, "Deportes rurales-costumbres", un prodigio de crónicas tradicionales. Todo cabe en ellas: desde "Una ascensión al Espigüete" (llevada a cabo, por supuesto, antes de 1913, año de publicación de la obra) hasta "Las peleas de toros", actividad casi desconocida en letra impresa y descrita con admirable realismo. Entre ambas diversiones, las fiestas religiosas como el Corpus o Navidad sirven de testimonio de las creencias religiosas. No faltan, claro está, las referencias a bolos y aluches, etimología la de estos últimos que Valbuena explica de forma curiosa. Una obra, en fin, que sintetiza en breves pero bellas páginas el credo erudito y humano del que siempre hizo gala "El Melladín de Pedrosa".
EDICIÓN FACSÍMIL.
PROLOGO DE JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ TORGA.
LEON, LIBRERÍA LA TRASTIENDA, 2004, 280 PP
Son bien conocidas las múltiples y variadas actividades del polígrafo Antonio de Valbuena, presente con heterónimos diversos en una obra variada y extensísima. Pero "El Melladín de Pedrosa" a pesar de su apasionada y diversa dedicación intelectual, no olvidó los placeres terrenales y de ellos no está ausente la caza. Una caza que, advierte, es "Caza mayor y menor". Pero a este cuerpo primero de la obra se añade un segundo, bajo el epígrafe "Deportes rurales. Costumbres", que no es inferior en atractivo popular y humano.
La caza se convierte para Antonio de Valbuena en un pretexto para acercarse a múltiples motivos. Si recuerda actividades cinegéticas tan curiosas como "La sal y las palomas", "La caza del oso" o "Cosas de la zorra", por ejemplo (sin olvidar la plástica visión de "Ell pozo de los lobos"), no excluye de su tratamiento literario la visión histórica en " ¿Pueden cazar los curas?" o el tono ejemplarizante del capítulo "El padre y el hijo".
Junto a la caza como entretenimiento, Antonio de Valbuena ofrece su visión de la cultura popular en la segunda parte de la obra, "Deportes rurales-costumbres", un prodigio de crónicas tradicionales. Todo cabe en ellas: desde "Una ascensión al Espigüete" (llevada a cabo, por supuesto, antes de 1913, año de publicación de la obra) hasta "Las peleas de toros", actividad casi desconocida en letra impresa y descrita con admirable realismo. Entre ambas diversiones, las fiestas religiosas como el Corpus o Navidad sirven de testimonio de las creencias religiosas. No faltan, claro está, las referencias a bolos y aluches, etimología la de estos últimos que Valbuena explica de forma curiosa. Una obra, en fin, que sintetiza en breves pero bellas páginas el credo erudito y humano del que siempre hizo gala "El Melladín de Pedrosa".