EL CERDO COMO SÍMBOLO DEL DEMONIO Y OTROS SIGNOS PAGANOS
Ya hemos visto como San Antonio Abad fue uno de los principales ideólogos de la iglesia primitiva, tomando parte activa en la lucha contra movimientos que fueron considerados heréticos, como el arrianismo. Entre los símbolos que acompañan la iconografía de su imagen vemos que aparece un libro, un báculo, una campanilla y un cerdo.
Muchos investigadores han querido transmitir la imagen de un San Antón analfabeto, hijo de campesinos para facilitar la identificación popular con la idiosincrasia del santo. Sin embargo, desde las representaciones más antiguas siempre aparece con un libro entre las manos, indicando el carácter sabio del que fuera considerado "Padre espiritual" (significado de la palabra "Abad") de una de las principales corrientes monacales cristianas.
Uno de los atributos milagrosos que se relacionan con San Antonio Abad es el de dominador y protector de los animales. Junto a su lucha contra las tentaciones que el demonio le hiciera en el desierto son, a nivel popul ar, sus características principales.
Su vida en el desierto sobreviviendo a serpientes, escorpiones y todo tipo de animales peligrosos de ese entorno le dieron esa fama. Se cuenta también como ayudó a una jabalina a curar los ojos de sus jabatillos ciegos. Cuando estos pudieron ver, en vez de marcharse, la madre agradecida permaneció junto a él, protegiéndolo de las alimañas durante toda la vida.
Este tipo de historias de animales que comparten experiencias y espacio en el desierto era frecuente en la narrativa del mundo egipcio y greco-romano. Un ejemplo es la historia de Androcles y el león (Esopo). Sin embargo, en el caso de San Antonio, además de un posible recurso literario para exaltar su biografía, la asociación con el cerdo puede estar también estrechamente relacionada con la idea que de este animal se tenía en mundo antiguo.
El cerdo era considerado un ser impuro, relacionado con la suciedad y el pecado. Animal tabú en muchas religiones, era asociado a la imagen del demonio. Satanás muchas veces adoptaba la forma de cerdo negro o jabalí, lanceado, derrotado y sometido por las obras de los hombres justos. Con tales connotaciones es puesto a los pies del Santo, recordando los episodios de las tentaciones a las que se viera sometido en el desierto. En la teología cristiana, colocar animales a los pies de las figuras venía a significar que habían conseguido la perfección y la bienaventuranza al dominar las fuerzas de la naturaleza y la materia. Tal es el ejemplo que vemos en la Virgen María, aplastando con su pie la cabeza de la serpiente.
Hacía el siglo XII y debido a este tipo de manifestaciones, el cerdo se consideraba un animal relacionado con San Antón. Por otra parte, existía la costumbre en la Edad Media de tener animales mantenidos por toda la comunidad, para servir de sustento solidario a hospitales y gentes pobres de la villa. Cerdos, cabras, gallinas etc. eran marcados y dejados en libertad para que vagaran por todo el pueblo y fueran alimentados por sus habitantes. Los frailes antonianos colgaban de su cuellos unas campanillas para distinguirlos. Una vez cebados, eran sacrificados y sus productos repartidos entre las gentes más desafortunadas. Estos animales fueron puestos bajo la advocación de San Antonio para que los protegiera.
También era costumbre encender hogueras en puertas de casas y granjas para espantar a los espíritus que pretendían dañar a los animales domésticos. Seguramente de este sincronismo de Cerdo-Demonio, animales comunitarios y hogueras paganas se forjaron las tradiciones de San Antonio Abad.
Ya hemos visto como San Antonio Abad fue uno de los principales ideólogos de la iglesia primitiva, tomando parte activa en la lucha contra movimientos que fueron considerados heréticos, como el arrianismo. Entre los símbolos que acompañan la iconografía de su imagen vemos que aparece un libro, un báculo, una campanilla y un cerdo.
Muchos investigadores han querido transmitir la imagen de un San Antón analfabeto, hijo de campesinos para facilitar la identificación popular con la idiosincrasia del santo. Sin embargo, desde las representaciones más antiguas siempre aparece con un libro entre las manos, indicando el carácter sabio del que fuera considerado "Padre espiritual" (significado de la palabra "Abad") de una de las principales corrientes monacales cristianas.
Uno de los atributos milagrosos que se relacionan con San Antonio Abad es el de dominador y protector de los animales. Junto a su lucha contra las tentaciones que el demonio le hiciera en el desierto son, a nivel popul ar, sus características principales.
Su vida en el desierto sobreviviendo a serpientes, escorpiones y todo tipo de animales peligrosos de ese entorno le dieron esa fama. Se cuenta también como ayudó a una jabalina a curar los ojos de sus jabatillos ciegos. Cuando estos pudieron ver, en vez de marcharse, la madre agradecida permaneció junto a él, protegiéndolo de las alimañas durante toda la vida.
Este tipo de historias de animales que comparten experiencias y espacio en el desierto era frecuente en la narrativa del mundo egipcio y greco-romano. Un ejemplo es la historia de Androcles y el león (Esopo). Sin embargo, en el caso de San Antonio, además de un posible recurso literario para exaltar su biografía, la asociación con el cerdo puede estar también estrechamente relacionada con la idea que de este animal se tenía en mundo antiguo.
El cerdo era considerado un ser impuro, relacionado con la suciedad y el pecado. Animal tabú en muchas religiones, era asociado a la imagen del demonio. Satanás muchas veces adoptaba la forma de cerdo negro o jabalí, lanceado, derrotado y sometido por las obras de los hombres justos. Con tales connotaciones es puesto a los pies del Santo, recordando los episodios de las tentaciones a las que se viera sometido en el desierto. En la teología cristiana, colocar animales a los pies de las figuras venía a significar que habían conseguido la perfección y la bienaventuranza al dominar las fuerzas de la naturaleza y la materia. Tal es el ejemplo que vemos en la Virgen María, aplastando con su pie la cabeza de la serpiente.
Hacía el siglo XII y debido a este tipo de manifestaciones, el cerdo se consideraba un animal relacionado con San Antón. Por otra parte, existía la costumbre en la Edad Media de tener animales mantenidos por toda la comunidad, para servir de sustento solidario a hospitales y gentes pobres de la villa. Cerdos, cabras, gallinas etc. eran marcados y dejados en libertad para que vagaran por todo el pueblo y fueran alimentados por sus habitantes. Los frailes antonianos colgaban de su cuellos unas campanillas para distinguirlos. Una vez cebados, eran sacrificados y sus productos repartidos entre las gentes más desafortunadas. Estos animales fueron puestos bajo la advocación de San Antonio para que los protegiera.
También era costumbre encender hogueras en puertas de casas y granjas para espantar a los espíritus que pretendían dañar a los animales domésticos. Seguramente de este sincronismo de Cerdo-Demonio, animales comunitarios y hogueras paganas se forjaron las tradiciones de San Antonio Abad.