Fechas, días y épocas que embrujan la vida de los hombres
MARTA PRIETO SARRO
Un titulo tan atrayente como el que encabeza este fascículo es una trampa en sí mismo. Pura y simplemente porque contiene la palabra embrujar. Dice el Diccionario de la Real Academia Española que embrujar es “hechizar, trastornar a uno el juicio o la salud con practicas supersticiosas”. Sin duda, un antropólogo no habría escogido ese título jamás. Pero en la voz embrujo, recogida también por el D. R. A. E., hemos encontrado la justificación de su uso. Porque embrujo es “fascinación, atracción misteriosa y oculta”. Según esa definición, es legitimo considerar como sinónimo de embrujar palabras tales como embelesar, encantar y hechizar. En este sentido es obligado citar a Julio Caro Baroja cuando afirma que “el firmamento, la tierra, el sol, la luna, el día y la noche, desde un punto de vista científico, son una cosa. Desde un punto de vista vital son otra... La contemplación de un bello cielo azul, de una noche estrellada, de una tuna resplandeciente, de un horizonte tempestuoso, nos llega mas hondo que cualquier teoría astronómica por perfecta que sea”.
El titulo contiene también otra palabra clave: vida. Y la vida de los hombres está condicionada indudablemente por el tiempo. Por un tiempo vital propio y personal de cada uno, en el que aparecen como elementos claves el nacimiento, la infancia, la juventud, la edad adulta, la muerte. En todas estas etapas vitales se pueden rastrear elementos mágicos. Pues, ¿de qué otra manera puede interpretarse el hecho de que se cuelgue al cuello de los niños saquitos con hierbas –a pesar de que se justifique con valor profiláctico– o escapularios? ¿No tiene acaso embrujo la costumbre de echar un rastro de paja desde la casa del novio y la novia el día de los proclamos?
Pero la vida de los hombres está también condicionada por el discurrir de un tiempo en el que las estaciones son una pieza fundamental puesto que, al reflejar los ciclos de la naturaleza, condicionan la vida agrícola y crean un ritmo. El discurrir de este tiempo nos lleva inevitablemente a los conceptos de sol, luna o calendario, que no es otra cosa más que la organización que los hombres hacen del tiempo inicialmente en función de observaciones astronómicas que delimitan la duración y división del año. En este sentido, es característica común a todo el Bierzo el seguimiento de las fases lunares y la estricta observancia de las mismas para la realización de determinadas actividades. La corta de la leña, la siembra, la poda de árboles, la matanza, el trasegar el vino, continúan realizándose en menguante en la creencia de que, si se efectúan en otra fase lunar, no serán satisfactorias.
Ya en el magno poeta griego Hesíodo, en su obra Los trabajos y los días, se puede observar cómo la conciencia del tiempo responde a los ciclos agrarios y cómo el paso del mismo se une al discurrir de las estaciones. Pero, según indica González Alcantud, junto a los ciclos agrarios están los cultos litúrgicos, “auténticos marcadores de las continuidades y discontinuidades temporales”. Esta afirmaci6n es perfectamente transportable a nuestra cultura cristiana en la que, en palabras de A. Lorenzo Vélez, “el tiempo litúrgico ha marcado y cristianizado la mayoría de las fiestas populares así como la actividades del año agrícola, como queda patente en multitud de refranes”. No es difícil rastrear en el Bierzo esta ultima afirmación donde las gentes del campo siguen usando habitualmente refranes que conservan la costumbre de utilizar el santoral o algunas fiestas cristianas determinadas como referencia tanto para tareas agrícolas como para fenómenos astronómicos. Veamos algunos ejemplos tornados en el Refranero Berciano de Santiago Castelao:
* Aguas de san Juan, quitan viño y non dan pan.
* Corre Mayo polo pan, e detrds ven San Juan, e detras Santa Mariña pra segar a gabeliña.
* En San Xoan as dez con día dan.
* Ralva en marzo, bima en San Juan, siembra en octubre y cogerás pan.
* Pola santa Lucia mengua a noite e crece o día.
* Polo San Matías igualan as noites cos días.
* Entroido o sol, Pascua o tizón.
* Hasta San Ant6n, Pascuas son.
* Pascuas marciales hambrientas o mortales.
MARTA PRIETO SARRO
Un titulo tan atrayente como el que encabeza este fascículo es una trampa en sí mismo. Pura y simplemente porque contiene la palabra embrujar. Dice el Diccionario de la Real Academia Española que embrujar es “hechizar, trastornar a uno el juicio o la salud con practicas supersticiosas”. Sin duda, un antropólogo no habría escogido ese título jamás. Pero en la voz embrujo, recogida también por el D. R. A. E., hemos encontrado la justificación de su uso. Porque embrujo es “fascinación, atracción misteriosa y oculta”. Según esa definición, es legitimo considerar como sinónimo de embrujar palabras tales como embelesar, encantar y hechizar. En este sentido es obligado citar a Julio Caro Baroja cuando afirma que “el firmamento, la tierra, el sol, la luna, el día y la noche, desde un punto de vista científico, son una cosa. Desde un punto de vista vital son otra... La contemplación de un bello cielo azul, de una noche estrellada, de una tuna resplandeciente, de un horizonte tempestuoso, nos llega mas hondo que cualquier teoría astronómica por perfecta que sea”.
El titulo contiene también otra palabra clave: vida. Y la vida de los hombres está condicionada indudablemente por el tiempo. Por un tiempo vital propio y personal de cada uno, en el que aparecen como elementos claves el nacimiento, la infancia, la juventud, la edad adulta, la muerte. En todas estas etapas vitales se pueden rastrear elementos mágicos. Pues, ¿de qué otra manera puede interpretarse el hecho de que se cuelgue al cuello de los niños saquitos con hierbas –a pesar de que se justifique con valor profiláctico– o escapularios? ¿No tiene acaso embrujo la costumbre de echar un rastro de paja desde la casa del novio y la novia el día de los proclamos?
Pero la vida de los hombres está también condicionada por el discurrir de un tiempo en el que las estaciones son una pieza fundamental puesto que, al reflejar los ciclos de la naturaleza, condicionan la vida agrícola y crean un ritmo. El discurrir de este tiempo nos lleva inevitablemente a los conceptos de sol, luna o calendario, que no es otra cosa más que la organización que los hombres hacen del tiempo inicialmente en función de observaciones astronómicas que delimitan la duración y división del año. En este sentido, es característica común a todo el Bierzo el seguimiento de las fases lunares y la estricta observancia de las mismas para la realización de determinadas actividades. La corta de la leña, la siembra, la poda de árboles, la matanza, el trasegar el vino, continúan realizándose en menguante en la creencia de que, si se efectúan en otra fase lunar, no serán satisfactorias.
Ya en el magno poeta griego Hesíodo, en su obra Los trabajos y los días, se puede observar cómo la conciencia del tiempo responde a los ciclos agrarios y cómo el paso del mismo se une al discurrir de las estaciones. Pero, según indica González Alcantud, junto a los ciclos agrarios están los cultos litúrgicos, “auténticos marcadores de las continuidades y discontinuidades temporales”. Esta afirmaci6n es perfectamente transportable a nuestra cultura cristiana en la que, en palabras de A. Lorenzo Vélez, “el tiempo litúrgico ha marcado y cristianizado la mayoría de las fiestas populares así como la actividades del año agrícola, como queda patente en multitud de refranes”. No es difícil rastrear en el Bierzo esta ultima afirmación donde las gentes del campo siguen usando habitualmente refranes que conservan la costumbre de utilizar el santoral o algunas fiestas cristianas determinadas como referencia tanto para tareas agrícolas como para fenómenos astronómicos. Veamos algunos ejemplos tornados en el Refranero Berciano de Santiago Castelao:
* Aguas de san Juan, quitan viño y non dan pan.
* Corre Mayo polo pan, e detrds ven San Juan, e detras Santa Mariña pra segar a gabeliña.
* En San Xoan as dez con día dan.
* Ralva en marzo, bima en San Juan, siembra en octubre y cogerás pan.
* Pola santa Lucia mengua a noite e crece o día.
* Polo San Matías igualan as noites cos días.
* Entroido o sol, Pascua o tizón.
* Hasta San Ant6n, Pascuas son.
* Pascuas marciales hambrientas o mortales.