“Si eres bruxa te arreniego,
si eres demo vaite al infernu”.
En otros lugares del Bierzo, como es el caso de Pereda de Ancares, el fumazo se hacía con los siguientes ingredientes:
Herbas del aíre, bieito (saúco), incienso, un pollo sin plumas, los excrementos de una gallina, un ramo bendecido el Domingo de Ramos, que era guardado durante todo el año en las casas y unos palitos de madera de la iglesia. Dichos ingredientes, una vez prendidos fuego en el caldero y aspirado su humo, de fuerte olor desagradable y fétido, se dejaban a la vista a fin de que si alguna bruja se hallaba cerca se alejase inmediatamente de aquel lugar.
Por fin otro tipo de defensa consistía en aspersar cada una de las estancias de las viviendas y de los establos con agua bendita que muchas veces proporcionaba a los vecinos el cura párroco en unos frasquitos, cuando cada semana renovaba el agua de la pila de la iglesia. También era frecuente aspersar agua salada en la misma forma anterior cuando no se disponía de agua bendita, ya que la sal, al ser uno de los elementos que se emplean en el Bautismo, siempre poseyó, en la mentalidad supersticiosa de las gentes, propiedades contra el mal producido tanto por los malos espíritus como por las brujas.
la transmisión de poderes de las brujas
Se cuenta que cuando una bruja muere todos los poderes que posee se los traspasa a una mujer joven de su familia que, automáticamente, quedaría convertida en bruja. La transmisión de estos poderes se produce en el preciso instante en que fallece la bruja, estrechando fuertemente la mano de la elegida como su sucesora. No obstante había una forma de evitar esta transmisión de poderes y consistía en que en vez de estrechar la mano, la joven pusiese en su lugar los ramajes de una escoba. De esta forma los poderes pasarían a la escoba que inmediatamente habrá de ser lanzada al fuego. Dicen que cuando esto sucede la escoba emite unos fuertes chillidos y se retuerce revolviéndose entre las llamas.
los conjuros contra el mal
El remedio mas empleado, muy a menudo contra las artes brujeriles y espíritus malignos, amén de plagas y otros muchos eventos negativos, eran los conjuros. El conjuro no era sino una forma de magia canalizada mediante la palabra. Son muchos los tipos que podemos encontrar, como muchas son también las aplicaciones que prescribe la mentalidad popular. No obstante debemos distinguir dos aspectos:
Como contraposición a la brujería negra siempre hubo una brujería blanca o “buena”. Así ciertas meigas benéficas emplearían la magia para hacer el bien, siendo las poseedoras de procedimientos para poder diagnosticar a las gentes su posible aojamiento o hechizo.
Personajes peculiares estas meigas entremezclaban a menudo sus conocimientos curanderiles a base de plantas curativas y pócimas con los conjuros y otros remedios supersticiosos contra la enfermedad. El mal de ojo lo diagnosticaban pasando el agua por el cuerno de alicor que ya hemos visto en un capitulo anterior: si salían burbujas del agua era porque la persona en cuestión había sido hechizada por una bruja. En ese caso era conveniente utilizar un talismán confeccionado al efecto y recitar al paciente una serie de conjuros específicos. En muchas zonas del Bierzo era frecuente emplear los siguientes:
“Tres te han ojado,
cuatro te desojarán:
Jesús, José, María
y la Santísima Trinidad”.
si eres demo vaite al infernu”.
En otros lugares del Bierzo, como es el caso de Pereda de Ancares, el fumazo se hacía con los siguientes ingredientes:
Herbas del aíre, bieito (saúco), incienso, un pollo sin plumas, los excrementos de una gallina, un ramo bendecido el Domingo de Ramos, que era guardado durante todo el año en las casas y unos palitos de madera de la iglesia. Dichos ingredientes, una vez prendidos fuego en el caldero y aspirado su humo, de fuerte olor desagradable y fétido, se dejaban a la vista a fin de que si alguna bruja se hallaba cerca se alejase inmediatamente de aquel lugar.
Por fin otro tipo de defensa consistía en aspersar cada una de las estancias de las viviendas y de los establos con agua bendita que muchas veces proporcionaba a los vecinos el cura párroco en unos frasquitos, cuando cada semana renovaba el agua de la pila de la iglesia. También era frecuente aspersar agua salada en la misma forma anterior cuando no se disponía de agua bendita, ya que la sal, al ser uno de los elementos que se emplean en el Bautismo, siempre poseyó, en la mentalidad supersticiosa de las gentes, propiedades contra el mal producido tanto por los malos espíritus como por las brujas.
la transmisión de poderes de las brujas
Se cuenta que cuando una bruja muere todos los poderes que posee se los traspasa a una mujer joven de su familia que, automáticamente, quedaría convertida en bruja. La transmisión de estos poderes se produce en el preciso instante en que fallece la bruja, estrechando fuertemente la mano de la elegida como su sucesora. No obstante había una forma de evitar esta transmisión de poderes y consistía en que en vez de estrechar la mano, la joven pusiese en su lugar los ramajes de una escoba. De esta forma los poderes pasarían a la escoba que inmediatamente habrá de ser lanzada al fuego. Dicen que cuando esto sucede la escoba emite unos fuertes chillidos y se retuerce revolviéndose entre las llamas.
los conjuros contra el mal
El remedio mas empleado, muy a menudo contra las artes brujeriles y espíritus malignos, amén de plagas y otros muchos eventos negativos, eran los conjuros. El conjuro no era sino una forma de magia canalizada mediante la palabra. Son muchos los tipos que podemos encontrar, como muchas son también las aplicaciones que prescribe la mentalidad popular. No obstante debemos distinguir dos aspectos:
Como contraposición a la brujería negra siempre hubo una brujería blanca o “buena”. Así ciertas meigas benéficas emplearían la magia para hacer el bien, siendo las poseedoras de procedimientos para poder diagnosticar a las gentes su posible aojamiento o hechizo.
Personajes peculiares estas meigas entremezclaban a menudo sus conocimientos curanderiles a base de plantas curativas y pócimas con los conjuros y otros remedios supersticiosos contra la enfermedad. El mal de ojo lo diagnosticaban pasando el agua por el cuerno de alicor que ya hemos visto en un capitulo anterior: si salían burbujas del agua era porque la persona en cuestión había sido hechizada por una bruja. En ese caso era conveniente utilizar un talismán confeccionado al efecto y recitar al paciente una serie de conjuros específicos. En muchas zonas del Bierzo era frecuente emplear los siguientes:
“Tres te han ojado,
cuatro te desojarán:
Jesús, José, María
y la Santísima Trinidad”.