MANZANEDA DE OMAÑA: “A la Veiga`l Palo...

“A la Veiga`l Palo
a la ofrenda`l diablo
por encima de cádavas
y por debajo de artos”.
Los lugareños, sabedores de tales reuniones, jamás pasaban cerca de esta fuente en la noche del 30 de abril, pues creían que serian mordidos o arañados por las brujas que luego chuparían su sangre. En otras ocasiones la victima sería arrastrada por entre los zarzales y matojos hasta quedar medio muerta. A la mañana siguiente los pastores acostumbraban a acercarse a la fuente a ver si quedaban restos del festín de la noche anterior, pues se dice que las brujas son muy dadas a comer excelentes manjares.
El arenal de Ponferrada
En muchas ocasiones durante el aquelarre se profanaban objetos religiosos, especialmente las Sagradas Formas consagradas que previamente habían sido sustraídas de las iglesias.
A este fenómeno se refiere el siguiente caso, documentado en la ciudad de Ponferrada a principios de siglo XVII que desencadenó un proceso judicial por robo sacrílego.
Los hechos giran en torno al robo de un cáliz con Sagradas Formas consagradas y de una arquilla de la iglesia parroquial de San Pedro, de Ponferrada, junto al puente del río Sil. El sacrilegio dio lugar al referido proceso que se saldó con la condena de un vecino de dicha ciudad, tras quedar fehacientemente probados los hechos que se le imputaban.
El autor del robo era un tal Juan de Benavente que, si bien no era natural de Ponferrada, habitaba en la calle del Rañedero, junto a la puerta de acceso a la entonces villa, siendo por tanto parroquiano de dicha iglesia. Sabemos que estaba casado con una tal Leonor Fernández, de oficio mostacera. También sabemos que dicho encausado tenía por oficio criar y adiestrar perros de caza. Uno de los testigos del proceso afirmaría ante el Juez: “Determinado de hacer este delito, por muchas noches antes, se entraba a rezar en la iglesia parroquial del Señor San Pedro de esta villa, junto al puente del Sil, y se estaba rezando de noche por muy grande espacio de tiempo: tanto, que el sacristán se enfadaba con él porque se tardaba tanto en salir, para cenar las puertas de la iglesia y tener cuidado con ella”. Otro testigo afirmó que con los objetos sagrados salió Juan de Benavente hacia un campo cercano a la villa conocido como El arenal. Se afirma que allí ocultó los bienes sustraídos entre unas zarzas y matorrales. Durante las noches siguientes a la del robo parece que se veían muchas luces y resplandores extraños en aquel lugar. Uno de los testigos llego a manifestar que los resplandores eran tan vivos, que parecía que ardía el zarzal. Una serie de acontecimientos misteriosos harán que el cáliz sea retornado a la iglesia parroquial portándolo los fieles devotos en una multitudinaria procesión religiosa.
Ahora bien, analizando todos y cada uno de los elementos que configuran el relato nos lleva a la conclusión de que las Sagradas Formas fueron robadas de la iglesia con el fin de celebrar el aquelarre o arenal, como indica el propio nombre del pago donde aparecieron. Las extrañas luces observadas no habrían de ser sino las hogueras de: conventículo. Por lo demás el documento que habla de este hecho está redactado bajo la influencia eclesiástica e intenta mitigar o disimular el trasfondo real del fenómeno, reconvirtiéndolo en un hecho puramente milagroso que culmino con el encuentro de las Sagradas Formas que incluso, fueron, como ya apuntamos, restauradas al templo en una procesión piadosa.
Con el fin de evitar hechos similares y muy frecuentes en aquella época, la Iglesia hubo de promulgar diferentes sínodos a fin de poner sub fideli clavi los Santos Sacramentos, como es el caso del de Pedro Manuel, de 1526, donde en el título XXVII viene a decir:
“... et asimismo mandamos que se guarde las aras et corporales, cálices y vestimentas tras llave et en lugar decente y honesto, porque algunas personas malas desean aver la Eucharistía et olio et crisma et parte de las aras et corporales y de las otras cosas sobredichas para hazer maleficios y echicerías”.