Era viernes. Último día de trabajo de la semana, su compañero maquinista y él, bien se merecían un homenaje. Y decidió que, para rememorar los viejos tiempos de los abuelos, éste fuera culinario.
Contaba la tradición que en aquellos tiempos, cuando en un trayecto León-Bilbao se echaba toda la jornada y era necesario reponer fuerzas, se aprovechaba el calor de la locomotora de vapor para hacer aquel guiso que pasaría a la posteridad como cocido u olla ferroviaria, sencillo en su preparación y lento en su cocción, elaborado con productos de la tierra y de nutritivos resultados: un poco de carne, verduras varias y patatas, hacían de él un guiso gremial, que poco a poco se popularizó, hasta ser de común preparación en las regiones y comarcas por donde transcurría el antiguo Hullero.
Por aquel entonces, los hombres, en el que debía ser el único momento de sus vidas, en que realizaron trabajos propios de mujeres, antes de los tiempos modernos, seleccionaban personalmente de sus huertos los productos, y siguiendo las recomendaciones de mujeres y abuelas, al amor de la lumbre de la locomotora, los mezclaban, para luego, dar goce al paladar una vez mediado el trayecto de su jornada diaria, acompañado de un buen pan de hogaza. ¿Quién vería a aquellos rudos hombres realizar la delicada tarea de elaborar un guiso? Mientras que casi simultáneamente echaban la leña o carbón al fuego con sus manos curtidas…Estaba claro, el que vale, vale para todo, se decían entre ellos entre bromas, para justificar su nueva tarea.
Pero el homenaje culinario esta vez, no sería el traslado en el tiempo imitando una máquina de vapor y un gravoso viaje, lleno de incidencias, para elaborar un sabroso guiso.
Gracias a los abuelos, a los pioneros abuelos en muchas causas, el guiso era de común presencia en bares y mesones de las zonas propias y regiones limítrofes, por lo que con un pequeño viaje en coche al salir del trabajo, a La Robla por ejemplo, el finde empezaría de aquella manera especial que se pretendía. Antes que con la llegada del sábado, todo se llenara de avezados comensales, ávidos de sensaciones nuevas.
Este relato tiene Copyright. Nosotros lo publicamos con el permiso de su autor.
Con cariño, en Madrid a 19 de Enero de 2012
AGATA PIERNAS
Contaba la tradición que en aquellos tiempos, cuando en un trayecto León-Bilbao se echaba toda la jornada y era necesario reponer fuerzas, se aprovechaba el calor de la locomotora de vapor para hacer aquel guiso que pasaría a la posteridad como cocido u olla ferroviaria, sencillo en su preparación y lento en su cocción, elaborado con productos de la tierra y de nutritivos resultados: un poco de carne, verduras varias y patatas, hacían de él un guiso gremial, que poco a poco se popularizó, hasta ser de común preparación en las regiones y comarcas por donde transcurría el antiguo Hullero.
Por aquel entonces, los hombres, en el que debía ser el único momento de sus vidas, en que realizaron trabajos propios de mujeres, antes de los tiempos modernos, seleccionaban personalmente de sus huertos los productos, y siguiendo las recomendaciones de mujeres y abuelas, al amor de la lumbre de la locomotora, los mezclaban, para luego, dar goce al paladar una vez mediado el trayecto de su jornada diaria, acompañado de un buen pan de hogaza. ¿Quién vería a aquellos rudos hombres realizar la delicada tarea de elaborar un guiso? Mientras que casi simultáneamente echaban la leña o carbón al fuego con sus manos curtidas…Estaba claro, el que vale, vale para todo, se decían entre ellos entre bromas, para justificar su nueva tarea.
Pero el homenaje culinario esta vez, no sería el traslado en el tiempo imitando una máquina de vapor y un gravoso viaje, lleno de incidencias, para elaborar un sabroso guiso.
Gracias a los abuelos, a los pioneros abuelos en muchas causas, el guiso era de común presencia en bares y mesones de las zonas propias y regiones limítrofes, por lo que con un pequeño viaje en coche al salir del trabajo, a La Robla por ejemplo, el finde empezaría de aquella manera especial que se pretendía. Antes que con la llegada del sábado, todo se llenara de avezados comensales, ávidos de sensaciones nuevas.
Este relato tiene Copyright. Nosotros lo publicamos con el permiso de su autor.
Con cariño, en Madrid a 19 de Enero de 2012
AGATA PIERNAS