Cuando estuve de cura en Pedro Muñoz ya tenía mis colmenas. La verdad es que no tenía muchas. Nunca he tenido muchas colmenas... diez o doce colmenas. Por entonces en este pueblo ya hacía mis experimentos con las abejas. Allí llegué a sacarle a una colmena cerca de mil kilos de miel, de once árboles de acacia que había. Porque claro por aquellos días estaba estudiando y... entonces pasaba, que un día sí y otro no les sacaba la miel. Como la miel estaba sin madurar..., pues, en lugar de hacer que las abejas madurasen la miel agitando las alas, pues, yo ponía la miel en una habitación, enchufaba un calentador de esos que echaba aire caliente. Entonces el agua se iba evaporando y se iba concentrando la miel para que no fermentara. Claro que tuve fracasos y algunos sonados. Uno de ellos me sucedió por una “tontá”. Iba un día por el campo y atiné a unos segadores que estaban por allí y que segaban a mano, bajo unas “solanas” que daban miedo, me acerque a pedirles agua. Uno de ellos me contestó: “Agua, agua... mire usted, aquí sólo bebemos vino”. Y yo voy y pensé: “Estos tíos están aquí todo el día segando junto al suelo... seguro que dan de mano borrachicos”. Total que se me ocurrió de “ponele” a las abejas un poco de alcohol en una poca miel. La diluí en vino y se lo puse... las pobrecicas cogieron una borrachera tremenda. Se les nota porque se quedan sin mover, se quedan “asina”, luego a los cuatro o cinco días como seguían borrachicas perdías, e indefensas, pues, resulta que entró la polilla en la colmena y la deshizo...
http://www. funjdiaz. net/folklore/07ficha. cfm? id=2618
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