COMARCAS
Los topillos si van a volver
Los biólogos advierten de que existen muchos condicionantes para que esta primavera se repita una plaga
Ical 18/01/2012
Un topillo, durante la última plaga que sacudió Castilla y León.
Un topillo, durante la última plaga que sacudió Castilla y León.
Un invierno que, de momento, no se está caracterizando por sus altas temperaturas, el estudio histórico que indica que desde 1987 la plaga se viene repitiendo cada cinco años en la región y las alertas que ya saltaron este otoño en la zona de los municipios palentinos de Autillo de Campos y Fuentes de Nava, donde las juntas agropecuarias pidieron medidas a la Consejería de Agricultura ante el incremento de la población de topillos, son tres indicadores que hacen prever que la próxima primavera se puede repetir una nueva plaga de topillos en Castilla y León, la sexta desde el año 1987.
Alfonso Paz, biólogo de Grefa, ONG naturalista que está elaborando un estudio de control biológico de las plagas de topillos junto con la Universidad de Valladolid, el Centro de Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) e investigadores del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, afirmó este miércoles en la localidad vallisoletana de Rueda, antes de impartir una conferencia en la que presentó los resultados preliminares de este estudio, que “sería muy aventurado indicar que en los próximos meses estaremos ante una plaga de las dimensiones de la de 2007. Ahora podemos comenzar a sufrir el invierno más gélido de los últimos años y llegar a la primavera con una población de topillos insignificante. Pero de continuar el invierno con temperaturas no muy frías y presentarse una primavera húmeda, todos los indicios apuntan a que los problemas generados en la agricultura por los topillos podrían repetirse”.
Paz explicó que el proyecto, en el que se trabaja desde 2009, consiste en facilitar las condiciones de cría al cernícalo vulgar y a la lechuza común con algo tan simple como la colocación en los linderos de nidos artificiales ubicados en postes. Un sistema similar lleva empleándose en Israel desde hace treinta años para luchar contra los topillos con unos resultados positivos y con un incremento de las producciones del 20 por ciento en el caso de la alfalfa, que suele ser el cultivo más dañado, dado que los brotes verdes son la dieta favorita de estos roedores. En este sentido, el biólogo matizó que la población de topillos en condiciones normales se sitúa entre los 20 y los 60 ejemplares por hectárea y que un cernícalo puede alimentarse al año de un millar de estos roedores.
Al mismo tiempo, comentó que el uso de venenos para combatir este tipo de plagas, que también se registran en países europeos como Francia o Alemania, se ha demostrado ineficaz y, sobre todo, muy dañino contra el medio natural. “Las plagas se deben prevenir. Cuando la densidad de topillos por hectárea supera los 800 animales, como ocurrió en muchas zonas en 2007, no se puede hacer nada. Está demostrado que tras una explosión demográfica la reducción de la población también es cuestión de varias semanas, dado que entre ellos se contagian numerosas enfermedades”.
Por último, el coordinador de este estudio argumenta que como nunca se realizaron estudios en campo que demostraran la eficacia del veneno empleado, ni los efectos que tuvo sobre la plaga, asegurar que su uso fue un éxito es un gran error. “Sencillamente fue un golpe mediático, que demuestra que los gestores de la plaga ignoraron a la comunidad científica, que ya había advertido que la plaga acabaría por sí sola. Si el veneno tuvo consecuencias, fue sobre otras especies. Los anticoagulantes aplicados se distribuyeron utilizando cereal en grano como cebo y, como era de esperar, fue consumida por especies granívoras. Palomas, calandrias, perdices, alondras, ánades reales o avutardas fueron apareciendo muertas por todos los campos donde se esparció el veneno, y después sus depredadores como ratoneros, milanos o lechuzas”.
El proyecto se desarrolla en tres zonas: Villalar de los Comuneros y localidades colindantes (Valladolid), el municipio de San Martín de Valderaduey (Zamora) y Boada de Campos (Palencia).
Los topillos si van a volver
Los biólogos advierten de que existen muchos condicionantes para que esta primavera se repita una plaga
Ical 18/01/2012
Un topillo, durante la última plaga que sacudió Castilla y León.
Un topillo, durante la última plaga que sacudió Castilla y León.
Un invierno que, de momento, no se está caracterizando por sus altas temperaturas, el estudio histórico que indica que desde 1987 la plaga se viene repitiendo cada cinco años en la región y las alertas que ya saltaron este otoño en la zona de los municipios palentinos de Autillo de Campos y Fuentes de Nava, donde las juntas agropecuarias pidieron medidas a la Consejería de Agricultura ante el incremento de la población de topillos, son tres indicadores que hacen prever que la próxima primavera se puede repetir una nueva plaga de topillos en Castilla y León, la sexta desde el año 1987.
Alfonso Paz, biólogo de Grefa, ONG naturalista que está elaborando un estudio de control biológico de las plagas de topillos junto con la Universidad de Valladolid, el Centro de Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) e investigadores del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, afirmó este miércoles en la localidad vallisoletana de Rueda, antes de impartir una conferencia en la que presentó los resultados preliminares de este estudio, que “sería muy aventurado indicar que en los próximos meses estaremos ante una plaga de las dimensiones de la de 2007. Ahora podemos comenzar a sufrir el invierno más gélido de los últimos años y llegar a la primavera con una población de topillos insignificante. Pero de continuar el invierno con temperaturas no muy frías y presentarse una primavera húmeda, todos los indicios apuntan a que los problemas generados en la agricultura por los topillos podrían repetirse”.
Paz explicó que el proyecto, en el que se trabaja desde 2009, consiste en facilitar las condiciones de cría al cernícalo vulgar y a la lechuza común con algo tan simple como la colocación en los linderos de nidos artificiales ubicados en postes. Un sistema similar lleva empleándose en Israel desde hace treinta años para luchar contra los topillos con unos resultados positivos y con un incremento de las producciones del 20 por ciento en el caso de la alfalfa, que suele ser el cultivo más dañado, dado que los brotes verdes son la dieta favorita de estos roedores. En este sentido, el biólogo matizó que la población de topillos en condiciones normales se sitúa entre los 20 y los 60 ejemplares por hectárea y que un cernícalo puede alimentarse al año de un millar de estos roedores.
Al mismo tiempo, comentó que el uso de venenos para combatir este tipo de plagas, que también se registran en países europeos como Francia o Alemania, se ha demostrado ineficaz y, sobre todo, muy dañino contra el medio natural. “Las plagas se deben prevenir. Cuando la densidad de topillos por hectárea supera los 800 animales, como ocurrió en muchas zonas en 2007, no se puede hacer nada. Está demostrado que tras una explosión demográfica la reducción de la población también es cuestión de varias semanas, dado que entre ellos se contagian numerosas enfermedades”.
Por último, el coordinador de este estudio argumenta que como nunca se realizaron estudios en campo que demostraran la eficacia del veneno empleado, ni los efectos que tuvo sobre la plaga, asegurar que su uso fue un éxito es un gran error. “Sencillamente fue un golpe mediático, que demuestra que los gestores de la plaga ignoraron a la comunidad científica, que ya había advertido que la plaga acabaría por sí sola. Si el veneno tuvo consecuencias, fue sobre otras especies. Los anticoagulantes aplicados se distribuyeron utilizando cereal en grano como cebo y, como era de esperar, fue consumida por especies granívoras. Palomas, calandrias, perdices, alondras, ánades reales o avutardas fueron apareciendo muertas por todos los campos donde se esparció el veneno, y después sus depredadores como ratoneros, milanos o lechuzas”.
El proyecto se desarrolla en tres zonas: Villalar de los Comuneros y localidades colindantes (Valladolid), el municipio de San Martín de Valderaduey (Zamora) y Boada de Campos (Palencia).