El ojo que siempre sigue mirando
La humedad de las paredes, la falta de aquellos antiguos monaguillos que cuidaban de la iglesia como si fuera su casa, la sorpresa de una muerte que llenó el templo en un día inesperado... componen la estampa de la fotografía, el cartel casi caído, el mensaje prácticamente tapado, los colores desvaídos. Pero permanece el viejo símbolo del Dios que reina en sus templos, el ojo.
El ojo que todo lo ve, el ojo que representan siempre dentro de un triángulo (curiosamente como ha quedado en la imagen de Mauri), el ojo que nos vigila a nosotros y, dicen algunos, nosotros a él no podemos pues ya estaba escrito en el Antiguo Testamento aquello de “nadie puede ver a Dios y quedar con vida”.
Pero no me voy a meter por esos vericuetos teológicos y arriesgarme a recibir ‘un viaje’ de ilustres columnistas de la casa, como el mismísimo obispo Julián o mi admirado Antonio Trobajo.
Dejaré constancia de que el abandono del cartel a la suerte del ojo que todo lo ve es el fruto inevitable de esa otra realidad que me cuentan curas como mi amigo Julio, “tengo 18 parroquias y los hay con 24 ó 25”.
– ¿Y cómo te arreglas los domingos?
– Digo alguna por teléfono.
– ¿...?
– Sí, estoy en casa y ya me llaman, “no vengas que está nevando y a la puerta de la iglesia no hay nadie”. Misa dicha.
http://www. lacronicadeleon. es/2012/01/10/fotografia. html
La humedad de las paredes, la falta de aquellos antiguos monaguillos que cuidaban de la iglesia como si fuera su casa, la sorpresa de una muerte que llenó el templo en un día inesperado... componen la estampa de la fotografía, el cartel casi caído, el mensaje prácticamente tapado, los colores desvaídos. Pero permanece el viejo símbolo del Dios que reina en sus templos, el ojo.
El ojo que todo lo ve, el ojo que representan siempre dentro de un triángulo (curiosamente como ha quedado en la imagen de Mauri), el ojo que nos vigila a nosotros y, dicen algunos, nosotros a él no podemos pues ya estaba escrito en el Antiguo Testamento aquello de “nadie puede ver a Dios y quedar con vida”.
Pero no me voy a meter por esos vericuetos teológicos y arriesgarme a recibir ‘un viaje’ de ilustres columnistas de la casa, como el mismísimo obispo Julián o mi admirado Antonio Trobajo.
Dejaré constancia de que el abandono del cartel a la suerte del ojo que todo lo ve es el fruto inevitable de esa otra realidad que me cuentan curas como mi amigo Julio, “tengo 18 parroquias y los hay con 24 ó 25”.
– ¿Y cómo te arreglas los domingos?
– Digo alguna por teléfono.
– ¿...?
– Sí, estoy en casa y ya me llaman, “no vengas que está nevando y a la puerta de la iglesia no hay nadie”. Misa dicha.
http://www. lacronicadeleon. es/2012/01/10/fotografia. html