No hay invierno para tanto gorro
No hay pan para tanto chorizo’’, coreaban los últimos disconformes con el mundo que nos están construyendo. ‘‘Cuando no nos falta el pan nos viene a faltar el hambre’’, lamentaba el aragonés batallador y socarrón José Antonio Labordeta cuando analizaba la realidad de su tierra tantas veces olvidada.
‘‘Siempre es más largo el brazo que la manga’’, explicaban las buenas mujeres de esta tierra que en los filandones invernales tejían jerséis de lana para las gentes de la casa y parecía que aquello nunca se acababa.
Siempre pasa algo. Ahora miras a la fotografía, el puesto de gorros de todas las clases y colores para combatir los rigores de estos inviernos de nieve y noche de esta tierra y...
Y nos falta el invierno. Ya cortamos las hojas del año 2011, ya pasamos el noviembre de las heladas de sanmartino y el diciembre de las nevadas para los esquiadores y ni el sanmartino nos está curando los chorizos ni los esquiadores se han calzado las tablas para disfrutar de los montes, las nieves y el gorro después para tomar el vino.
Antes echaban las madres las noches en hacer gorros y siempre sobraban cabezas. Ahora las máquinas escupen gorros, leoneses o andinos, de lana o de lona...
Y nos falta el invierno.
No hay pan para tanto chorizo’’, coreaban los últimos disconformes con el mundo que nos están construyendo. ‘‘Cuando no nos falta el pan nos viene a faltar el hambre’’, lamentaba el aragonés batallador y socarrón José Antonio Labordeta cuando analizaba la realidad de su tierra tantas veces olvidada.
‘‘Siempre es más largo el brazo que la manga’’, explicaban las buenas mujeres de esta tierra que en los filandones invernales tejían jerséis de lana para las gentes de la casa y parecía que aquello nunca se acababa.
Siempre pasa algo. Ahora miras a la fotografía, el puesto de gorros de todas las clases y colores para combatir los rigores de estos inviernos de nieve y noche de esta tierra y...
Y nos falta el invierno. Ya cortamos las hojas del año 2011, ya pasamos el noviembre de las heladas de sanmartino y el diciembre de las nevadas para los esquiadores y ni el sanmartino nos está curando los chorizos ni los esquiadores se han calzado las tablas para disfrutar de los montes, las nieves y el gorro después para tomar el vino.
Antes echaban las madres las noches en hacer gorros y siempre sobraban cabezas. Ahora las máquinas escupen gorros, leoneses o andinos, de lana o de lona...
Y nos falta el invierno.