El calcetín donde guarda un siglo
Cien surcos de arrugas aran la cobriza piel de sus manos, uno por cada año de vida. Cien años luchando contra viento y marea en un siglo cargado de balas de recuerdos de una vida escrita con sudor.
Fueron muchas navidades de gaseosa y sopas de ajo, Papa Noel no había nacido, los Magos pasaban de largo o traían pijamas de felpa contra el frío de la vida. Fueron muchos años escritos a sangre y fuego. La sangre sigue en esas venas profundamente marcadas, el fuego vive en los recuerdos de los buenos momentos arrancados a las noches de conversación, a las horas al sol del corral junto a la pared que protege del viento.
Hasta esas manos, tantas veces frías porque el corazón también se cansa de bombear un día tras otro, un año tras otro hasta cien consecutivos, llega un calcetín bordado de Navidad. De recuerdos, de cánticos, de villancicos, de polvorones...
Ella viaja hasta otros calcetines, de pura lana virgen, los que ella tejía manejando con maestría aquellas cuatro agujas que formaban un cuadrado, calentando los pies en el horno hasta que olía a quemada la goma de la zapatilla. Recuerda aquellos inviernos crueles, las largas nevadas en el alma...
Sonríe. ¡Cuánto daría por volver a sufrir todos aquellos rigores!
http://www. lacronicadeleon. es/2011/12/21/fotografia. html
Cien surcos de arrugas aran la cobriza piel de sus manos, uno por cada año de vida. Cien años luchando contra viento y marea en un siglo cargado de balas de recuerdos de una vida escrita con sudor.
Fueron muchas navidades de gaseosa y sopas de ajo, Papa Noel no había nacido, los Magos pasaban de largo o traían pijamas de felpa contra el frío de la vida. Fueron muchos años escritos a sangre y fuego. La sangre sigue en esas venas profundamente marcadas, el fuego vive en los recuerdos de los buenos momentos arrancados a las noches de conversación, a las horas al sol del corral junto a la pared que protege del viento.
Hasta esas manos, tantas veces frías porque el corazón también se cansa de bombear un día tras otro, un año tras otro hasta cien consecutivos, llega un calcetín bordado de Navidad. De recuerdos, de cánticos, de villancicos, de polvorones...
Ella viaja hasta otros calcetines, de pura lana virgen, los que ella tejía manejando con maestría aquellas cuatro agujas que formaban un cuadrado, calentando los pies en el horno hasta que olía a quemada la goma de la zapatilla. Recuerda aquellos inviernos crueles, las largas nevadas en el alma...
Sonríe. ¡Cuánto daría por volver a sufrir todos aquellos rigores!
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