César Álvarez Álvarez
Universidad de León
en estas breves líneas sobre el León medieval no se va a hacer runa relación, siquiera aproximada, de nuestros más conocidos reyes, y emperadores, aunque Ordoños, Ramiros, Vermudos y Alfonsos protagonizaron, al frente del Reino, la historia de este período de ochocientos años, los comprendidos entre el setecientos y el mil quinientos, que denominamos medieval.
Tampoco se encontrará referencia ni loa alguna, en cántico añorante, de la etapa, considerada por muchos, más trascendente de nuestra historia. Ni las batallas más relumbrantes, o los hechos y gestas más heroicos de nuestros antepasados tendrán cabida ni comentario por mi parte, Otros libros y monografías se han ocupado pormenorizadamente de propagarlos.
LA historia no es nunca un recuerdo inmóvil del pasado y cada generación, desde atalaya distinta, siempre divisa nuevos horizontes y nuevas interpretaciones de los viejos sucesos. Se pretende en esta reseña sucinta sobre el León medieval, simplemente, poner de relieve, desde la propia perspectiva, la pervivencia, aquí y ahora, de procesos y fenómenos que, engendrados, arraigados o desarrollados en el mundo medieval, en lo que algunos historiadores llaman "clima feudal", siguen teniendo vigencia en nuestros días. Modos de vida, de pensamiento o de comportamiento influyen en el pensamiento y formas de actuar o de sentir de los hombres, perviven durante tantas generaciones que aún hoy los reconocernos, e incluso nos sentimos identificados con ellos.
En la Edad Media arraigó, entre los cristianos del norte peninsular, una fuerte mentalidad religiosa que impregnó profundamente su vida. Así, podemos observar cómo la mayor parte de las festividades existentes estaban relacionadas con el calendario religioso. Desde el domingo, día de la semana que se dedica exclusivamente al culto de Dios, hasta la interminable relación de fiestas repartidas por todo el año: Navidad, Pascua, Ascensión, Corpus, San Juan, San Martín o San Andrés, que de manera efectiva regulaban el trabajo y el descanso de las gentes. Horas de trabajo y de asueto estaban marcadas por una Iglesia jerarquizada en la que el obispo y el cabildo catedralicio, los arciprestes y los curas párrocos, los monasterios y los conventos, dominaban y controlaban la vida del hombre.
Muy pronto, todos los grandes actos litúrgicos se comienzan a institucionalizar y la misa y el uso sistemático del resto de los sacramentos se convierte en algo cotidiano y utilizado por los más de los miembros de aquella sociedad, pues les hace imprescindibles para lograr su propia salvación eterna.
La práctica religiosa de los sacramentos y la celebración de las fiestas en honor de los diversos santos se realizaba por el común de las gentes en la iglesia parroquial.
La parroquia no es sólo, desde el siglo XII, en que realmente nace, el edificio de culto, la iglesia dedicada a un santo, es también la comunidad de receptores de sacramentos, así como de futuros enterrados en un mismo lugar sagrado y, sobre todo, una circunscripción territorial para la administración eclesiástica, órgano de gestión y control fiscal y militar de la sociedad medieval.
Universidad de León
en estas breves líneas sobre el León medieval no se va a hacer runa relación, siquiera aproximada, de nuestros más conocidos reyes, y emperadores, aunque Ordoños, Ramiros, Vermudos y Alfonsos protagonizaron, al frente del Reino, la historia de este período de ochocientos años, los comprendidos entre el setecientos y el mil quinientos, que denominamos medieval.
Tampoco se encontrará referencia ni loa alguna, en cántico añorante, de la etapa, considerada por muchos, más trascendente de nuestra historia. Ni las batallas más relumbrantes, o los hechos y gestas más heroicos de nuestros antepasados tendrán cabida ni comentario por mi parte, Otros libros y monografías se han ocupado pormenorizadamente de propagarlos.
LA historia no es nunca un recuerdo inmóvil del pasado y cada generación, desde atalaya distinta, siempre divisa nuevos horizontes y nuevas interpretaciones de los viejos sucesos. Se pretende en esta reseña sucinta sobre el León medieval, simplemente, poner de relieve, desde la propia perspectiva, la pervivencia, aquí y ahora, de procesos y fenómenos que, engendrados, arraigados o desarrollados en el mundo medieval, en lo que algunos historiadores llaman "clima feudal", siguen teniendo vigencia en nuestros días. Modos de vida, de pensamiento o de comportamiento influyen en el pensamiento y formas de actuar o de sentir de los hombres, perviven durante tantas generaciones que aún hoy los reconocernos, e incluso nos sentimos identificados con ellos.
En la Edad Media arraigó, entre los cristianos del norte peninsular, una fuerte mentalidad religiosa que impregnó profundamente su vida. Así, podemos observar cómo la mayor parte de las festividades existentes estaban relacionadas con el calendario religioso. Desde el domingo, día de la semana que se dedica exclusivamente al culto de Dios, hasta la interminable relación de fiestas repartidas por todo el año: Navidad, Pascua, Ascensión, Corpus, San Juan, San Martín o San Andrés, que de manera efectiva regulaban el trabajo y el descanso de las gentes. Horas de trabajo y de asueto estaban marcadas por una Iglesia jerarquizada en la que el obispo y el cabildo catedralicio, los arciprestes y los curas párrocos, los monasterios y los conventos, dominaban y controlaban la vida del hombre.
Muy pronto, todos los grandes actos litúrgicos se comienzan a institucionalizar y la misa y el uso sistemático del resto de los sacramentos se convierte en algo cotidiano y utilizado por los más de los miembros de aquella sociedad, pues les hace imprescindibles para lograr su propia salvación eterna.
La práctica religiosa de los sacramentos y la celebración de las fiestas en honor de los diversos santos se realizaba por el común de las gentes en la iglesia parroquial.
La parroquia no es sólo, desde el siglo XII, en que realmente nace, el edificio de culto, la iglesia dedicada a un santo, es también la comunidad de receptores de sacramentos, así como de futuros enterrados en un mismo lugar sagrado y, sobre todo, una circunscripción territorial para la administración eclesiástica, órgano de gestión y control fiscal y militar de la sociedad medieval.