MANZANEDA DE OMAÑA: LA JANA ENCANTADA EN LA FUENTE DE LA VALLINA...

LA JANA ENCANTADA EN LA FUENTE DE LA VALLINA
"En el término de Getino, al lado del río, existe una fuente termal que tiene fama de curar las enfermedades del grupo reumático. Hemos constatado que en el mes de agosto salía el agua a 28 grados centígrados. Nos han facilitado en la Delegación Territorial de Sanidad y Seguridad Social de León, el siguiente análisis de estas aguas:
Reacción en PH. 6'5
Nitritos de NO2neg.
Sulfatos en SO4 10,00
Materia orgánica 1,6
Hierro negat.
Fluoruro 0,4 mg/l
Amoníaco libre negat.
Cloruros en CINa 2,12
Cal en CAO negat.
Dureza en grados franceses 10, 74
Maximiliano González Flórez,
en LA RIBERA DEL TORIO

En Gete, el largo valle que sube desde el pueblo a la gran Collada es el valle de las janas, porque hay una Jana en la umbría del Abeseo y otra en La Fuente de La Vallina.
Entre el verdor de los prados, con chopos a su vera que parecen centinelas en el paisaje, y rodeada de las tierras de La Quebrantada, se halla La Fuente de La Vallina.
Dista algo más de un kilómetro del pueblo y se sitúa en el Abesedo, donde en invierno no se atreve a entrar el sol y silba el viento, cuando bate más arriba las ramas de las hayas y los abedules.
El ulular del viento produce unos sonidos extraños, y dicen las gentes que son los lamentos de las janas. Janas de los bosques y los arroyos, de las fuentes que apagan la sed de los pastores y los segadores.
En el verano cambia el panorama. Praderías esmeralda donde en sus norios colorean los celengrines y negrean las moras, y por encima de los abedules se puebla el monte bajo de arandaneras de dulce fruto.
Pues allí está La Fuente de La Vallina, con agua tan transparente que se ve el fondo de guijarros areniscos con una limpidez extraordinaria. Tan fría es la fuente que no se resiste introducir las manos más allá de un minuto.
En esta fuente cuenta la leyenda que vive una jana, que vaga por el lugar expiando un pecado de amores. Es muy rica en gargantillas de oro y pedrería de la fina, porque a la tía Periquita el llenó el mandilín de canicas, y le dijo que no las mirara antes de llegar a Gete, que si contravenía su mandato se le convertirían en carbones.
Y así fue. La tía Periquita como era tan curiosa, miró el mandilín cuando bajaba por Las Vegas del Barrero, y observó que eran Carbones de roble. Y no creyó en la jana.
Pero cuando llegó a casa, en la cinta del mandil encontró una moneda de oro, y entonces comprendió que aquella moneda no la había mirado antes. Y, claro que era verdad el encantamiento, que si no hubiera mirado el mandilín todas las canicas se habrían convertido en monedinas de oro. Por eso tenía la tía Periquita aquella moneda de oro, de las peluconas de Carlos III.
Y cuando canta el chotocabra, entre cada uno y otro graznido, se oye tenuemente el lamento quejumbroso de La Jana de La Fuente de La Vallina.
La Jana se deja ver solamente una vez al año. Y ocurre en la noche de San Juan, a las doce en punto. Dicen que es bellísima, y que sus cabellos rubios brillan a la luz de la luna; y que entregará sus amores al mozo montañés que la desencante dándole a beber agua de La Fuente de La Vallina en el cuenco de la mano.
El tío Gabriel, cuando era mozo en otras épocas, se fue a buscar la Jana de La Fuente de La Vallina, pero se durmió a las doce de la noche, cansado como estaba de tanto segar hierba.
A la mañana siguiente halló el peine de asta de castrón que la Jana se dejó olvidado, junto a las aguas cristalinas de La Fuente de La Vallina.