El tapiado.
Una vez listos se procede a enterrar los moldes, justo hasta su cima, con tierra que debe ser convenientemente apisonada mediante herramientas específicas para este fin. Tapiar es un proceso meticuloso, pues de la consistencia del relleno dependerá que los moldes puedan resistir la presión del metal una vez dentro de ellos. Como remate, se construirá con ladrillos y tierra la "mazarota", que es un depósito situado sobre la boca de cada molde y funciona a modo de embudo, facilitando la entrada del metal.
e) La fusión del metal.
Ha llegado el momento del horno y el metal. El bronce campana, de fabricación española, ha de ser encargado expresamente a Vizcaya, de donde llega en lingotes especiales para esta Fundición. Este bronce consta, como ya dijimos, de una aleación invariable de un 22 % de estaño, importado en este caso de Madagascar y el Zaire principalmente, y un 78 % de cobre de explotación nacional. Es frecuente que en ciertos casos se utilice el bronce procedente de viejas campanas rotas que vuelven de este modo a ser fundidas.
El bronce calculado para llenar los moldes es introducido en el horno y se procede a su fusión, durante la cual habrán de realizarse dos importantes operaciones: a) La primera es "preparar la colada". Durante la fundición se producen gases que deben ser eliminados con desgasificantes, para ello se utilizan briquetas de cobre fosforoso que hacen borbotear la colada y expulsan esos gases, que de no ser eliminados provocarían una serie de poros que inutilizarían la campana. b) La otra operación es el "desescoriado", debido a que en la superficie del bronce fundido al contacto con el aire se producen unos óxidos denominados merma de fundición que son eliminados mediante una espumadera apropiada. (Como curiosidad, hay que mencionar que en los antiguos hornos de reverbero de tiro forzado no se producía esta merma.)
Una vez listos se procede a enterrar los moldes, justo hasta su cima, con tierra que debe ser convenientemente apisonada mediante herramientas específicas para este fin. Tapiar es un proceso meticuloso, pues de la consistencia del relleno dependerá que los moldes puedan resistir la presión del metal una vez dentro de ellos. Como remate, se construirá con ladrillos y tierra la "mazarota", que es un depósito situado sobre la boca de cada molde y funciona a modo de embudo, facilitando la entrada del metal.
e) La fusión del metal.
Ha llegado el momento del horno y el metal. El bronce campana, de fabricación española, ha de ser encargado expresamente a Vizcaya, de donde llega en lingotes especiales para esta Fundición. Este bronce consta, como ya dijimos, de una aleación invariable de un 22 % de estaño, importado en este caso de Madagascar y el Zaire principalmente, y un 78 % de cobre de explotación nacional. Es frecuente que en ciertos casos se utilice el bronce procedente de viejas campanas rotas que vuelven de este modo a ser fundidas.
El bronce calculado para llenar los moldes es introducido en el horno y se procede a su fusión, durante la cual habrán de realizarse dos importantes operaciones: a) La primera es "preparar la colada". Durante la fundición se producen gases que deben ser eliminados con desgasificantes, para ello se utilizan briquetas de cobre fosforoso que hacen borbotear la colada y expulsan esos gases, que de no ser eliminados provocarían una serie de poros que inutilizarían la campana. b) La otra operación es el "desescoriado", debido a que en la superficie del bronce fundido al contacto con el aire se producen unos óxidos denominados merma de fundición que son eliminados mediante una espumadera apropiada. (Como curiosidad, hay que mencionar que en los antiguos hornos de reverbero de tiro forzado no se producía esta merma.)