MANZANEDA DE OMAÑA: INTRODUCCION: LOS MATERIALES...

INTRODUCCION: LOS MATERIALES

Barro, fuego y bronce son los tres elementos básicos que, desde hace siglos, la mano del hombre logra conjuntar, uniendo sus esencias individuales, en un producto único: la campana.

Para llegar a ella habrá de realizarse un largo y complicado proceso, al que nos referiremos más tarde, pues ahora parece necesario un breve análisis de cada uno de los materiales que participan en el mismo.

-El barro se obtiene de la arcilla que será el elemento fundamental en la elaboración de los moldes de fundición. Está formada por la sedimentación del detrito más suave procedente de la desintegración de otras rocas y su peso específico oscila entre los 2 y 2,3 gr. por centímetro cúbico. Esta tiene un alto grado de plasticidad y mezclada con agua se transforma en una masa moldeable que al secarse se contrae y se endurece.

-El fuego será en los hornos el elemento de fusión de los metales que conformarán la futura campana. Estos hornos han sufrido con el tiempo una modernización que no implica la desvirtuación del proceso sino únicamente la aceleración de éste.

Hasta hace unos años se emplearon hornos de "reverbero". Estos eran hornos de combustión en base a leña de roble o encina (preferentemente esta última) que necesitaban alrededor de doce horas para tener lista la colada. En ellos la llama se dirigía hacia el techo o bóveda que reverberaba enviando un elevado porcentaje de calor a las sustancias reactivas.

Hoy en día se utilizan los hornos de "inducción" a base de fuel-oil, que poseen dos ventajas fundamentales: la rapidez de fusión y la posibilidad de sistemas de regulación muy exactos, con la obtención de temperaturas controladas dentro de unas oscilaciones mínimas.

-Por último el bronce. Es éste un término genérico con el que se indica un grupo de aleaciones metálicas que contienen cobre y estaño en proporciones variables según el uso al que se destinan. En lo que se refiere a la aleación de las campanas, el denominado específicamente "bronce campana", no ha sufrido modificación alguna (salvo las propias de la picaresca o de la piedad que invitaban a introducir elementos extraños) desde los primeros tiempos, adoptándose el porcentaje fijo del 78 % de cobre y el 22 % de estaño.

Todos los bronces son altamente fusibles y duros. (Su punto de fusión está en torno a los 900º).

Históricamente el bronce fue muy empleado por las civilizaciones clásicas y orientales y ya desde el 2000 a. C. se conocen unas técnicas que pueden ser consideradas como perfectas. En la Edad Media esta técnica lejos de perderse se aplicará de forma creciente a la construcción de objetos sagrados. En el Renacimiento a la perfección técnica de la fundición se unirá la alta calidad artística y será uno de los materiales más empleados en la estatuaria monumental.

A partir del siglo XIX se producirá la industrialización del bronce, sustituyéndose en parte las viejas técnicas con nuevos procedimientos de galvanización, manteniéndose las anteriores únicamente en sectores de producción tradicional como la fundición de campanas.