Portada > León MICOLOGÍA
Hay que llevar la picaresca al bosque
Discreción y orientación, las mejores claves para ser un buen recolector de setas
Es una actividad que “engancha”. Se realiza en la naturaleza, en el bosque, un lugar mágico. El experto micológico Javier Gómez Urrutia, apunta, en el manual para la gestión del recurso micológico forestal en Castilla y León, que “ir a por setas” es una “experiencia vivencial”, que a veces tiene éxito y otras no, lo cual le da un toque aventurero muy seductor.
Sin embargo, la experiencia puede resultar decepcionante para aquellos que no se conocen la “picaresca” en el bosque. Esas mañas que manejan los expertos recolectores autóctonos de la zona de Pinares de Soria-Burgos, que antes, incluso, de saber andar, acudían al monte con sus antepasados a contagiarse de su embrujo y recolectar en “sus propias matas también denominadas huertos”.
El presidente de la Asociación Micólogica de Navaleno, Jesús Javier Andrés Barrio, explica que para ser un recolector experimentado es imprescindible “conocer el monte”, un extremo que refuerza el guía micológico Güli de Pablo, quien asegura que lo primordial es “ser responsable con el medio natural en el que te encuentras”. Además, se deben conocer las zonas donde afloran las setas; primero en trampales, luego en laderas y finalmente en cerros.
Absténganse en la recolección los estresados y ansiosos que buscan llenar la cesta en una hora. La recolección exige de una buena dosis de paciencia, pasear un buen rato por el monte y unos conocimientos mínimos de orientación, ya que es muy fácil perderse, al ir constantemente mirando hacia el suelo. “Se deben coger referencias, ya que sino es posible despistarse. No obstante, actualmente cada vez hay más claros en los bosques por las cortas y los de Soria están rodeados de caminos y carreteras con lo que al final se sale del atolladero”, explica De Pablo.
No se debe esperar nunca que los autóctonos revelen los lugares donde recolectar. Algunos se han llevado el secreto a la tumba, y a pesar de que es habitual trasmitir las localizaciones productoras del bosque de padres a hijos, las muertes repentinas hacen que los “huertos y matas micólogicos” rebosen, con condiciones climatológicas óptimas, de hongos comestibles. En este sentido, Javier Gómez Urrutia, refuerza este extremo y en el citado manual invita a no revelar las localizaciones públicamente de zonas buenas productoras de setas, ya que, de este modo, se evita el riesgo de que en el futuro exista un aprovechamiento incontrolado de las setas en ese paraje. A estos ingredientes, hay que añadir saber jugar al despiste y a esquivar al resto de recolectores. Pasar desapercibido y de forma discreta para no ser detectado es primordial para que “los otros” no conozcan tu huerto micológico. El presidente del colectivo micológico indica que muchos recolectores dan rodeos para despistar al que le sigue o, incluso, esconden el coche. “Hay recolectores que marcan los hongos, es decir, los tapan esperando a que tomen un tamaño adecuado, y cuando vuelven al día siguiente otros los han recolectado. Otros llenan tanto las cestas que la tienen que esconder y volver más tarde a recogerlo, pero cuando han ido se la habían ingerido los corzos”, precisa. Es ese animal, el corzo, un buen indicador para conocer si hay hongos. Mordisquean el boletus pero sin llegar a comérselo, sus defecaciones y huellas pueden llevar a los recolectores a un lugar productor.
Hay que llevar la picaresca al bosque
Discreción y orientación, las mejores claves para ser un buen recolector de setas
Es una actividad que “engancha”. Se realiza en la naturaleza, en el bosque, un lugar mágico. El experto micológico Javier Gómez Urrutia, apunta, en el manual para la gestión del recurso micológico forestal en Castilla y León, que “ir a por setas” es una “experiencia vivencial”, que a veces tiene éxito y otras no, lo cual le da un toque aventurero muy seductor.
Sin embargo, la experiencia puede resultar decepcionante para aquellos que no se conocen la “picaresca” en el bosque. Esas mañas que manejan los expertos recolectores autóctonos de la zona de Pinares de Soria-Burgos, que antes, incluso, de saber andar, acudían al monte con sus antepasados a contagiarse de su embrujo y recolectar en “sus propias matas también denominadas huertos”.
El presidente de la Asociación Micólogica de Navaleno, Jesús Javier Andrés Barrio, explica que para ser un recolector experimentado es imprescindible “conocer el monte”, un extremo que refuerza el guía micológico Güli de Pablo, quien asegura que lo primordial es “ser responsable con el medio natural en el que te encuentras”. Además, se deben conocer las zonas donde afloran las setas; primero en trampales, luego en laderas y finalmente en cerros.
Absténganse en la recolección los estresados y ansiosos que buscan llenar la cesta en una hora. La recolección exige de una buena dosis de paciencia, pasear un buen rato por el monte y unos conocimientos mínimos de orientación, ya que es muy fácil perderse, al ir constantemente mirando hacia el suelo. “Se deben coger referencias, ya que sino es posible despistarse. No obstante, actualmente cada vez hay más claros en los bosques por las cortas y los de Soria están rodeados de caminos y carreteras con lo que al final se sale del atolladero”, explica De Pablo.
No se debe esperar nunca que los autóctonos revelen los lugares donde recolectar. Algunos se han llevado el secreto a la tumba, y a pesar de que es habitual trasmitir las localizaciones productoras del bosque de padres a hijos, las muertes repentinas hacen que los “huertos y matas micólogicos” rebosen, con condiciones climatológicas óptimas, de hongos comestibles. En este sentido, Javier Gómez Urrutia, refuerza este extremo y en el citado manual invita a no revelar las localizaciones públicamente de zonas buenas productoras de setas, ya que, de este modo, se evita el riesgo de que en el futuro exista un aprovechamiento incontrolado de las setas en ese paraje. A estos ingredientes, hay que añadir saber jugar al despiste y a esquivar al resto de recolectores. Pasar desapercibido y de forma discreta para no ser detectado es primordial para que “los otros” no conozcan tu huerto micológico. El presidente del colectivo micológico indica que muchos recolectores dan rodeos para despistar al que le sigue o, incluso, esconden el coche. “Hay recolectores que marcan los hongos, es decir, los tapan esperando a que tomen un tamaño adecuado, y cuando vuelven al día siguiente otros los han recolectado. Otros llenan tanto las cestas que la tienen que esconder y volver más tarde a recogerlo, pero cuando han ido se la habían ingerido los corzos”, precisa. Es ese animal, el corzo, un buen indicador para conocer si hay hongos. Mordisquean el boletus pero sin llegar a comérselo, sus defecaciones y huellas pueden llevar a los recolectores a un lugar productor.