Estos tragos para el que los pasa
Estos tragos para el que los pasa”, decía la vieja broma del cura que escondía la bota de vino debajo de la sotana. Pero la imagen de Manolo Martín, otro de sus testimonios impagables de la vida leonesa, va mucho más allá de la broma, nos habla de estos primeros días de invierno, de sus amaneceres crueles, de las heladas que dejan pegadas las manos a las frutas y las jaulas, de esos aires que encogen unos cuerpos que no encuentran otra manera de combatir el frío que un trago de un orujo que rasca tanto como calienta y unos echarpes negros que hacen juego con el pañuelo de las mujeres y el alma de los tiempos.
Los paisanos caminan de vez en cuando a la cantina y se protegen bajo la pelliza, esperando todos que esos soles de media mañana desencoja el alma, acerquen clientes y suban las ventas.
Son imágenes de una provincia labrantina que se asoma los días de mercado al escaparate de la capital, no para enseñarse sino para subsistir, para darle salida a unas docenas de huevos de esas gallinas que reinan en el corral, ofrecer a buen precio las peras y manzanas de temporada, buscar comprador para alguno de esos conejos que llenan las jaulas con evidente facilidad... Completar, en definitiva, una maltrecha economía familiar.
Parece que no pasa el tiempo.
http://www. la-cronica. net/2011/11/01/fotografia. html
Estos tragos para el que los pasa”, decía la vieja broma del cura que escondía la bota de vino debajo de la sotana. Pero la imagen de Manolo Martín, otro de sus testimonios impagables de la vida leonesa, va mucho más allá de la broma, nos habla de estos primeros días de invierno, de sus amaneceres crueles, de las heladas que dejan pegadas las manos a las frutas y las jaulas, de esos aires que encogen unos cuerpos que no encuentran otra manera de combatir el frío que un trago de un orujo que rasca tanto como calienta y unos echarpes negros que hacen juego con el pañuelo de las mujeres y el alma de los tiempos.
Los paisanos caminan de vez en cuando a la cantina y se protegen bajo la pelliza, esperando todos que esos soles de media mañana desencoja el alma, acerquen clientes y suban las ventas.
Son imágenes de una provincia labrantina que se asoma los días de mercado al escaparate de la capital, no para enseñarse sino para subsistir, para darle salida a unas docenas de huevos de esas gallinas que reinan en el corral, ofrecer a buen precio las peras y manzanas de temporada, buscar comprador para alguno de esos conejos que llenan las jaulas con evidente facilidad... Completar, en definitiva, una maltrecha economía familiar.
Parece que no pasa el tiempo.
http://www. la-cronica. net/2011/11/01/fotografia. html