Una imagen y mil silencios
Ahora hace 25 años que comenzó la batalla de Riaño, la desigual lucha entre unos vecinos que defendían sus casas y un Gobierno que envió a todos sus guardias y gobernadores contra ellos, como pocas veces hizo contra ningún delincuente.
La primera página de La Crónica de aquel día que empezó todo recogía a dos de aquellos guardias, armados hasta las cejas, inmovilizando a una mujer sola. El pie de foto era muy significativo: “Las mujeres fueron las que con más ardor defendieron sus casas”.
En aquella batalla —de la que el ministro Cosculluela tuvo la indecencia de decir que “no había ocurrido nada, a los vecinos los sacaron a la silla de la reina”— otra mujer, la pintora Carmen Sopeña, perdió la visión de un ojo al recibir el impacto de una pelota de goma cuando la sacaban a la silla de la reina.
Pocos meses después de aquella triste victoria de las fuerzas del orden y el Gobierno que las mandó empezó la de Omaña. En las noches se hacían pintadas, pero a Tina no le importó poner una enorme pancarta en la fachada de su casa, a la luz del día, y fotografiarse ante ella. Como a la luz del día lloró por su tierra y la defendió Ángeles, de Villaceid.
Y como defendió las campanas de Foncebadón contra el mismísimo obispo María, ella sola, con su perro.
¡Cuántos olvidos, cuántos silencios!
http://www. la-cronica. net/2011/10/30/fotografia. html
Ahora hace 25 años que comenzó la batalla de Riaño, la desigual lucha entre unos vecinos que defendían sus casas y un Gobierno que envió a todos sus guardias y gobernadores contra ellos, como pocas veces hizo contra ningún delincuente.
La primera página de La Crónica de aquel día que empezó todo recogía a dos de aquellos guardias, armados hasta las cejas, inmovilizando a una mujer sola. El pie de foto era muy significativo: “Las mujeres fueron las que con más ardor defendieron sus casas”.
En aquella batalla —de la que el ministro Cosculluela tuvo la indecencia de decir que “no había ocurrido nada, a los vecinos los sacaron a la silla de la reina”— otra mujer, la pintora Carmen Sopeña, perdió la visión de un ojo al recibir el impacto de una pelota de goma cuando la sacaban a la silla de la reina.
Pocos meses después de aquella triste victoria de las fuerzas del orden y el Gobierno que las mandó empezó la de Omaña. En las noches se hacían pintadas, pero a Tina no le importó poner una enorme pancarta en la fachada de su casa, a la luz del día, y fotografiarse ante ella. Como a la luz del día lloró por su tierra y la defendió Ángeles, de Villaceid.
Y como defendió las campanas de Foncebadón contra el mismísimo obispo María, ella sola, con su perro.
¡Cuántos olvidos, cuántos silencios!
http://www. la-cronica. net/2011/10/30/fotografia. html