Nuevas aficiones del ser urbano
Emilio pasó quince años de su jubilación como último vecino de su pueblo en los meses de invierno, a más de 1.300 metros de altitud, entre nevadas eternas, escuchando el canto del lobo en las noches como desesperado por no tener una oveja que llevarse a sus mandíbulas.
Emilio se resistía a abandonar su pueblo, su soledad, sus conversaciones con lobos, pero la edad atemoriza a los hijos (no a él) y llegó un momento en el que tuvo que rendirse, bajar a la ciudad. Lo más parecido que encontró a las horas que pasaba sentado en la plaza de su pueblo, mirando la dirección de las nubes y los vientos, escuchando a los jilgueros, fue sentarse en un banco y observar. Ver pasar a la gente y al regresar al pueblo en verano, ante la pregunta de qué había observado, fue contundente: “Gente que va y viene. Yo creo que no van a ninguna parte, pero siempre andan con prisa”.
Emilio ya no está. Le sucedió Manolo, de un pueblo vecino, que se aclimató de otra manera. Es el mayor experto mundial en saber dónde inauguran algo con pinchos, en qué mitin dan bocadillos, qué conciertos son gratis...
Pero cuando le preguntan qué es lo que más le llama la atención coincide con Emilio: “Chico, tienen una afición a correr terrible. A cualquier hora”.
Emilio pasó quince años de su jubilación como último vecino de su pueblo en los meses de invierno, a más de 1.300 metros de altitud, entre nevadas eternas, escuchando el canto del lobo en las noches como desesperado por no tener una oveja que llevarse a sus mandíbulas.
Emilio se resistía a abandonar su pueblo, su soledad, sus conversaciones con lobos, pero la edad atemoriza a los hijos (no a él) y llegó un momento en el que tuvo que rendirse, bajar a la ciudad. Lo más parecido que encontró a las horas que pasaba sentado en la plaza de su pueblo, mirando la dirección de las nubes y los vientos, escuchando a los jilgueros, fue sentarse en un banco y observar. Ver pasar a la gente y al regresar al pueblo en verano, ante la pregunta de qué había observado, fue contundente: “Gente que va y viene. Yo creo que no van a ninguna parte, pero siempre andan con prisa”.
Emilio ya no está. Le sucedió Manolo, de un pueblo vecino, que se aclimató de otra manera. Es el mayor experto mundial en saber dónde inauguran algo con pinchos, en qué mitin dan bocadillos, qué conciertos son gratis...
Pero cuando le preguntan qué es lo que más le llama la atención coincide con Emilio: “Chico, tienen una afición a correr terrible. A cualquier hora”.