MANZANEDA DE OMAÑA: Que no se quejen los políticos...

Que no se quejen los políticos

Siempre habían tenido las tijeras buena fama entre la población, desde que naciera con aquella vieja forma de utensilio para esquilar que era el mejor ejemplo de cómo multiplicar los panes y los peces por los humildes pastores:de un lado quedaba la carne del cordero y también la lana suponía ingresos y beneficios. Y calor.

Tan buenos eran sus oficios que ya San Isidoro, que no escribía de cualquier cosa, cogió su pluma para dejar constancia de que era “la herramienta del peluquero y el sastre”, lo que sumaba a los beneficios de la lana los de la imagen, de las gentes con el pelo bien cortado y un traje a la medida, como para ir a la boda de la duquesa de Alba.

Y esta palancas de primer orden, y doble, siguieron conquistando mundos. Entraron en los jardines y los embellecieron, podaron los setos, ayudaron como nadie lo había hecho en las cocinas, entraron en las escuelas y los niños asocian su presencia a los juegos...

Pero un día la palabra, que no la herramienta, llegó al argot político y se convirtió en el peor enemigo de ayudas, de sueldos, de infraestructuras... Cada vez que un político avisa de que va a sacar la tijera nadie cree que va a darnos lana después de esquilar, ni que se va a cortar el pelo, ni arreglar los jardines de la ciudad, ni a jugar con los niños...

Y se quejan de su mala imagen.