Supervivientes en la sombra
Vivimos días de miedo e incertidumbre. Los telediarios nos acosan, los informativos nos asustan, los periódicos nos desazonan, los alcaldes nos abrasan, los bancos nos piden más, los gobernantes nos pintan negro el futuro, los ríos bajan negros de desesperanza... Sólo para la Duquesa de Alba parecen los días de vino y rosas.
Han logrado asustarnos. Caminamos temerosos, miramos con recelo, hablamos del Ibex 35 como si fuera un delantero de la Cultural...
No todos. Hay una generación que ha visto días peores, que sintió el miedo en el alma y el hambre en el cuerpo. Son gentes que posan sobre estos tiempos una mirada escéptica y sólo le piden al cielo que no vuelva lo suyo, que lo nuestro les parece un juego de niños, aunque cuando ven a la Merkel enfadada sí es verdad que les entran dudas.
Son los resistentes de nuestra tierra. Los abuelos que observan desde el banco del parque como el mundo parece volcar, pero ellos no se bajan.
Son viejos supervivientes, aquellos que tantas veces pareció que la realidad les iba a cortar la cabeza pero siguieron caminando...
Ahora, los que no sabemos de su dura piel, creímos que había sido el golpe definitivo, la fotografía ya los había decapitado... pero viven en la sombra.
Vivimos días de miedo e incertidumbre. Los telediarios nos acosan, los informativos nos asustan, los periódicos nos desazonan, los alcaldes nos abrasan, los bancos nos piden más, los gobernantes nos pintan negro el futuro, los ríos bajan negros de desesperanza... Sólo para la Duquesa de Alba parecen los días de vino y rosas.
Han logrado asustarnos. Caminamos temerosos, miramos con recelo, hablamos del Ibex 35 como si fuera un delantero de la Cultural...
No todos. Hay una generación que ha visto días peores, que sintió el miedo en el alma y el hambre en el cuerpo. Son gentes que posan sobre estos tiempos una mirada escéptica y sólo le piden al cielo que no vuelva lo suyo, que lo nuestro les parece un juego de niños, aunque cuando ven a la Merkel enfadada sí es verdad que les entran dudas.
Son los resistentes de nuestra tierra. Los abuelos que observan desde el banco del parque como el mundo parece volcar, pero ellos no se bajan.
Son viejos supervivientes, aquellos que tantas veces pareció que la realidad les iba a cortar la cabeza pero siguieron caminando...
Ahora, los que no sabemos de su dura piel, creímos que había sido el golpe definitivo, la fotografía ya los había decapitado... pero viven en la sombra.