EL INVIERNO
El invierno suponía cierto descanso para el hombre del campo. Asistía a los filandones, seranos o calechos para charlar con los vecinos. Tenía que atender el ganado y podar los árboles y las viñas, pero le quedaba tiempo para entretenerse arreglando algunas cosas del hogar.
El carpintero cortaba la madera en el menguante de enero para hacer los yugos, arados o carros. Algunos la cortaban también en noviembre y diciembre, siempre en luna menguante, porque se creía que entonces la madera resultaría mejor, la savia estaba más baja, el árbol estaba dormido: "En menguante de enero, corta el madero", dice el refrán.
Los madreñeros montañeses y los artesanos de instrumentos musicales del Bierzo y Maragatería, escogían en el monte o en las orillas de los ríos los árboles más adecuados para sus trabajos: el aliso, el abedul, el haya, el nogal, el boj, el brezo, y cortaban las piezas de madera para irlas preparando con esmero durante el invierno y terminarlas, luego, en primavera.
El herrero trabajaba intensamente en la fragua, porque el frescor del agua beneficiaba el temple de los utensilios que salían de sus manos. Y las ruedas del molino o las lanzaderas de los telares, tampoco estaban quietas durante la estación invernal.
Los trabajos se iban sucediendo a lo largo de los días de forma continuada y armónica, enlazados con las fiestas y las sencillas diversiones.
El invierno suponía cierto descanso para el hombre del campo. Asistía a los filandones, seranos o calechos para charlar con los vecinos. Tenía que atender el ganado y podar los árboles y las viñas, pero le quedaba tiempo para entretenerse arreglando algunas cosas del hogar.
El carpintero cortaba la madera en el menguante de enero para hacer los yugos, arados o carros. Algunos la cortaban también en noviembre y diciembre, siempre en luna menguante, porque se creía que entonces la madera resultaría mejor, la savia estaba más baja, el árbol estaba dormido: "En menguante de enero, corta el madero", dice el refrán.
Los madreñeros montañeses y los artesanos de instrumentos musicales del Bierzo y Maragatería, escogían en el monte o en las orillas de los ríos los árboles más adecuados para sus trabajos: el aliso, el abedul, el haya, el nogal, el boj, el brezo, y cortaban las piezas de madera para irlas preparando con esmero durante el invierno y terminarlas, luego, en primavera.
El herrero trabajaba intensamente en la fragua, porque el frescor del agua beneficiaba el temple de los utensilios que salían de sus manos. Y las ruedas del molino o las lanzaderas de los telares, tampoco estaban quietas durante la estación invernal.
Los trabajos se iban sucediendo a lo largo de los días de forma continuada y armónica, enlazados con las fiestas y las sencillas diversiones.