Desde aquellos pupitres al mundo
Gerardo, uno de esos chavales que marchó a ganarse la vida siendo un niño y no se cansa de trabajar por lo que a la jubilación se hizo presidente de la Junta Vecinal, (pese a cotizar casi 50 años para cobrar 700 euros), decía convencido a contertulios tan jóvenes como incrédulos: “No os imagináis lo que hemos hecho los de nuestra generación para dejaros la provincia que os hemos dejado, aunque nos hayan tratado como a perros y jubilado con cuatro duros”.
Recordaba aquellas escuelas de las cuatro reglas fundamentales para saber andar por el mundo, aquellos maestros que les preparaban para la vida no para el saber, aquellos grupos escolares de decenas de niños con un solo maestro que lo era las 24 horas del día, en la escuela y en el bar, en casa y por la calle, aquellos inviernos atizando la estufa, aquellas primaveras en las que los más pobres o los de las familias más numerosas abandonaban las clases para ir con el ganado pero acudían después a las permanencias (los sábados, domingos o por las noches) pues aquellos chavales sabían que el futuro estaba en aprender.
Y salieron por el mundo, desde aquellos pupitres a las tierras más lejanas, trabajaron y se abrieron camino, construyeron una tierra impensable y ahora sufren al ver tanto olvido y tanto miserable sin alma ni corazón.
P. D. NO DEJEIS DE VER LA FOTO, ES IMPAGABLE!:
http://www. la-cronica. net/2011/09/11/fotografia. html
Gerardo, uno de esos chavales que marchó a ganarse la vida siendo un niño y no se cansa de trabajar por lo que a la jubilación se hizo presidente de la Junta Vecinal, (pese a cotizar casi 50 años para cobrar 700 euros), decía convencido a contertulios tan jóvenes como incrédulos: “No os imagináis lo que hemos hecho los de nuestra generación para dejaros la provincia que os hemos dejado, aunque nos hayan tratado como a perros y jubilado con cuatro duros”.
Recordaba aquellas escuelas de las cuatro reglas fundamentales para saber andar por el mundo, aquellos maestros que les preparaban para la vida no para el saber, aquellos grupos escolares de decenas de niños con un solo maestro que lo era las 24 horas del día, en la escuela y en el bar, en casa y por la calle, aquellos inviernos atizando la estufa, aquellas primaveras en las que los más pobres o los de las familias más numerosas abandonaban las clases para ir con el ganado pero acudían después a las permanencias (los sábados, domingos o por las noches) pues aquellos chavales sabían que el futuro estaba en aprender.
Y salieron por el mundo, desde aquellos pupitres a las tierras más lejanas, trabajaron y se abrieron camino, construyeron una tierra impensable y ahora sufren al ver tanto olvido y tanto miserable sin alma ni corazón.
P. D. NO DEJEIS DE VER LA FOTO, ES IMPAGABLE!:
http://www. la-cronica. net/2011/09/11/fotografia. html