El leñero, la despensa del frío
El poeta, que lo suele decir todo más bonito, lo explica afirmando que “la naturaleza siempre responde a los rigores del invierno con las salvas de la primavera”.
Es la visión poética y optimista de la vida. Pero al revés es igual de verdad y a estos calores del estío la naturaleza también va a responder, de manera inevitable, con los rocíos del otoño y las heladas del invierno.
Bien lo saben quienes viven en plena naturaleza y conviven con ella.
Bien lo saben los topillos y ratas de campo, que huelen las primeras nieves y se apresuran a recoger todos los frutos que quedan en los espinos para hacer despensa bajo tierra de cara a aquellos días eternos en los que una copiosa nevada tapara su madriguera y le obligará a permanecer allí, comiendo lo que antes guardó. Y así los observadores de la naturaleza saben cuando van a llegar las primeras nieves al darse cuenta de que los espinos van perdiendo sus frutos y no están caídos en el suelo.
También el hombre sabe que el calor y las buenas temperaturas de estos meses tienen fechas de caducidad, que vendrán días en los que toda la leña que le eches a la chimenea o la vieja cocina de humo será poca o, cuando menos, justa y necesaria.
Por eso ahora, antes de las nieves, acarrean la leña para el invierno.
El poeta, que lo suele decir todo más bonito, lo explica afirmando que “la naturaleza siempre responde a los rigores del invierno con las salvas de la primavera”.
Es la visión poética y optimista de la vida. Pero al revés es igual de verdad y a estos calores del estío la naturaleza también va a responder, de manera inevitable, con los rocíos del otoño y las heladas del invierno.
Bien lo saben quienes viven en plena naturaleza y conviven con ella.
Bien lo saben los topillos y ratas de campo, que huelen las primeras nieves y se apresuran a recoger todos los frutos que quedan en los espinos para hacer despensa bajo tierra de cara a aquellos días eternos en los que una copiosa nevada tapara su madriguera y le obligará a permanecer allí, comiendo lo que antes guardó. Y así los observadores de la naturaleza saben cuando van a llegar las primeras nieves al darse cuenta de que los espinos van perdiendo sus frutos y no están caídos en el suelo.
También el hombre sabe que el calor y las buenas temperaturas de estos meses tienen fechas de caducidad, que vendrán días en los que toda la leña que le eches a la chimenea o la vieja cocina de humo será poca o, cuando menos, justa y necesaria.
Por eso ahora, antes de las nieves, acarrean la leña para el invierno.