Una mirada para quien la entiende
LA Asociación de Alzheimer de Valdepolo recibió ayer un premio. Mil galardones merece, un millón también, está asociación y todas las gentes que las integran, abnegadas gentes que contra viento y marea se empeñan en negar que no hay imágenes en los fondos negros de las miradas perdidas; en demostrar que hay amigos e incluso en la soledad de quien no reconoce a nadie, ni los seres más queridos; en quienes se aferran a la condición de que hay sentimientos detrás de una sonrisa que solo se dibuja, detrás de un apretón de manos que solo ellos perciben, en una lágrima que ellos entienden aunque nadie sabe porque resbala sobre las mejillas de estos seres a los que la vida ha obligado a mirar siempre hacia el vacío. Son un misterio que camina. Saltan de la violencia a la paz, de los gritos al silencio, del dolor a la calma, de la agitación a la tranquila tristeza. Se les apagan los ojos, se les turban las palabras, se les olvidan los nombres, cierran la boca, borran el alma.
Parece que no viven. Es lo que repiten quienes no les quieren mirar a la cara, quienes si lo hace se aferra a la generosidad, al amor que hubo a la bondad y les siguen apretando una mano, dando un beso, acariciando la mejilla, sonriendo. Y ellos, sólo ellos, perciben una sonrisa. Bien la merecen.
(de UNA IMAGEN Y 232 PALABRAS)
LA Asociación de Alzheimer de Valdepolo recibió ayer un premio. Mil galardones merece, un millón también, está asociación y todas las gentes que las integran, abnegadas gentes que contra viento y marea se empeñan en negar que no hay imágenes en los fondos negros de las miradas perdidas; en demostrar que hay amigos e incluso en la soledad de quien no reconoce a nadie, ni los seres más queridos; en quienes se aferran a la condición de que hay sentimientos detrás de una sonrisa que solo se dibuja, detrás de un apretón de manos que solo ellos perciben, en una lágrima que ellos entienden aunque nadie sabe porque resbala sobre las mejillas de estos seres a los que la vida ha obligado a mirar siempre hacia el vacío. Son un misterio que camina. Saltan de la violencia a la paz, de los gritos al silencio, del dolor a la calma, de la agitación a la tranquila tristeza. Se les apagan los ojos, se les turban las palabras, se les olvidan los nombres, cierran la boca, borran el alma.
Parece que no viven. Es lo que repiten quienes no les quieren mirar a la cara, quienes si lo hace se aferra a la generosidad, al amor que hubo a la bondad y les siguen apretando una mano, dando un beso, acariciando la mejilla, sonriendo. Y ellos, sólo ellos, perciben una sonrisa. Bien la merecen.
(de UNA IMAGEN Y 232 PALABRAS)