MANZANEDA DE OMAÑA: En cuanto a la forma tradicional de gobierno de las...

En cuanto a la forma tradicional de gobierno de las localidades omañesas, de nuevo hemos de hacer referencia a los concejos. Éstos eran reuniones abiertas, en las que participaban obligadamente los representantes de cada unidad familiar. En estos concejos se dirimía cualquier pleito que pudiese surgir, así como se establecían las decisiones más importantes que afectaban a la vida comunal de la localidad. Igualmente, se fijaban las facenderas, o tareas comunales que cada vecino debía realizar en beneficio de todo el pueblo. Cada representante podía emitir su valoración sobre cualquier asunto, pero siempre se exigía un especial respeto a cada turno. Mediante una vara, denominada vara concejil, se podía emitir la opinión, y quien la poseyese en cada momento, debía ser escuchado sin interrupción. En esta vara, además, se apuntaban las cuentas económicas de la localidad.
Existían también otras costumbres más lúdicas. Una de ellas, de gran tradición en toda la provincia leonesa, era la celebración del Mayo. Los mozos del pueblo talaban el chopo más esbelto de las tierras comunales, lo pelaban y lo plantaban justo a las doce de la noche la víspera del primer día de mayo, en el lugar más emblemático del pueblo. Este mayo se coronaba con flores y una cruz. Debía permanecer allí enclavado, durante todo el mes, y sólo se retiraba el día 31 de mayo. Posteriormente, con el tronco se hacía leña que se repartía de forma gratuita entre los vecinos del pueblo. Hoy todavía se recuerda otra curiosa costumbre que, sin embargo, ya no se practica. Se celebraba el día 31 de diciembre, San Silvestre, y consistía en “ir a buscar amo”. Los niños y jóvenes de cada pueblo recorrían sus calles hasta que encontraban una casa donde pasar la tarde. Generalmente, la casa solía ser de una mujer mayor que vivía sola. Todos llevaban comida y bebida, y allí la compartían durante toda la tarde. La jornada acababa mediante la celebración de bailes y numerosos juegos en los que participaban todos.
El número de leyendas que se ha documentado en La Omaña, es cuantioso. Si atendemos al tema que suelen tratar estas leyendas, podemos clasificarlas en dos grandes grupos. El primero de ellos sería el de leyendas marianas. La mayoría de ellas hacen referencia a la aparición de la Virgen, generalmente a un pastor. Habría que ponerlas en relación con la cristianización de antiguos lugares de culto pagano. El segundo grupo, sería el de las leyendas que toman como base un hecho histórico, de tal forma que la imaginación popular lo va transformando hasta que prácticamente sólo prevalece el hecho mítico sobre el histórico. Dentro de este último tipo, podríamos encuadrar el romance de Don Ares de Omaña, ya que sobre un acontecimiento histórico, se ha construido toda una estructura que entra dentro de la leyenda y la ficción.
Del primer tipo de leyendas, abunda gran cantidad de ejemplos, por lo que citaremos algunas de ellas, las más destacadas. Cerca de Rodicol, persiste la leyenda de la Virgen de la Seita. Un pastorcillo se encontraba con su rebaño por el monte, cuando vio aparecer unos destellos luminosos debajo de unas rocas. Intentó mover sin ningún éxito las rocas, por lo que decidió pedir ayuda. Pero, ni siquiera ayudado por los vecinos, consiguió desplazar lo más mínimo las rocas. Finalmente, dándose cuenta todos del milagro, decidieron construir en ese mismo lugar una ermita en honor de esta Virgen. Pero el trabajo realizado durante el día, se perdía por la noche, ya que los muros que habían sido levantados al día siguiente aparecían desmontados, y las piedras situadas en otro lugar no muy lejano. Finalmente, se entendió que la Virgen quería expresar cuál era el lugar exacto donde quería su templo. Esta leyenda puede ponerse en relación con la cristianización de un lugar de culto romano o prerromano, hecho que parece confirmar la arqueología, ya que cerca se encontró un idolillo de la Edad del Bronce.