Por muchos lugares leoneses circulan leyendas sobre tesoros de la época de la morisma. Cuevas en las que hay un tesoro custodiado por un cuélebre, un moro, una culebra venenosa o una trampa disimulada. En alguna cueva se dice que el tesoro se halla bajo la apariencia de una gallina con los pollos de oro, o pavos de oro. Todas estas leyendas o mitos con cierto carácter sagrado sobre el oro nacen de una fuente común: la leyenda de La Griega. Sabido es que en la provincia de León se hallaba la gran despensa aurífera del imperio romano. Pero antes de que arribaran aquí los romanos ya se explotaban minas auríferas en tierras leonesas. Los reyezuelos indígenas vendían metales preciosos a comerciantes griegos; y se transportaban a lo largo de La Vía de La Plata, hasta tierras de los tartesos, en Andalucía. Los romanos se enteraron de este comercio y explotaciones, y resolvieron ocupar estas tierras por la gran codicia del oro. Muchas veces arrendaban la explotación a libertos griegos, otras veces dirigían la explotación los mismos romanos, empleando gran número de esclavos. Había dos clases de explotación. Una, lavando las tierras y otra, fundiéndolas en hornos calentados con carbón de roble. El lavado de tierras se verificaba en Las Médulas de Carucedo, las de Villaviciosa de la Ribera, Canales de La Magdalena, las del Valle Gordo, las de Villarroquel, Villasabariego, Vegas del Condado…
Todos los canales responden a una leyenda, mejor un mito por su carácter sagrado, que se tejió sobre estos yacimientos de oro, llamada la leyenda de La Griega.
Es La Griega la mujer atea que se alza llena de soberbia ante las divinidades lanzando frases de desafío: “Quiera Dios o no quiera, no ha de moler el molino hasta que lo diga La Griega”. Y La Griega camina hilando un copo de lana con la rueca incrustada en la cinta del mandil, y moviendo el fuso que gira vertiginoso. Va en madreñas, hundiendo los tarugos por el terreno, por donde se ha de trazar el. canal. Luego tapaba con el mandil para remansar el agua. Responde todo al lavado del mineral aurífero. Las aguas se remansan, se practican pozos y galerías por el terreno; cuando La Griega lo manda se suelta el agua embalsada que arruina el monte, la “ruina montium”. Luego se lava la tierra, el lodo, se extienden árgomas y pieles de carnero con la lana recortada ocupando la baja pradera, a fin de que entre la lana se detenga el polvillo de oro o las pepitas. Este fue el origen del mito del vellocino de oro. Por este procedimiento se formó el gran socavón de La Quebrantada en Vegas del Condado, monte que se arruinó en gran tajo que llegaba hasta el Porma, para el lavado aurífero de las arrugia. Allí se habla de Los Molinos de La Griega. También se sostiene el mismo mito de Los Molinos de La Griega en Villarroquel, hasta donde llegaba el canal que nacía en Santiago de Las Villas y venía por el alto del Cillerón a Camposagrado, donde aun subsisten los legendarios Pozos de Colinas, que dice la tradición se practicaron para ocultarse los cristianos de Pelayo, al mando del capitán Colinas de Benllera y sorprender a los agarenos cuando se bañaban en el Valle de Mala Muerte. Los pozos son respiraderos del canal. Ya hubo en ellos una excavación en el año 1924 por don Alfredo, vecino de Benllera, descubriendo a doce metros de profundidad la acequia de agua y las pilastras del cuadro que enmarcaba la conducción. También atestigua don Antonio Justel, inspector jefe provincial de educación básica, que los Pozos de Colinas son respiraderos del canal para el lavado aurífero, según sus investigaciones, y que además, la pendiente de deslizamiento del agua suponía un siete por mil, apropiada para fluir por su propio peso. Este canal del Cillerón nacía en Santiago de Las Villas, en la parte alta del riachuelo Torre, donde hay una quebrada de caliza, propia para cerramiento y embalse de agua. El paraje es encantador, con el chozo merinero a su vera. Atravesaba la peña por una cueva que aun se conserva, donde la legendaria dice que hay soterrada una bolera toda de oro. Canal aurífero se aprecia aun en el Valle Gordo, que viene desde Peña Cefera hasta el lugar denominado Las Pozas. Por cierto, que al lado de la carretera, en Camposagrado, donde hoy existe la plantación forestal de pinos, había una serie de trece círculos de enormes piedras, con veintiocho piedras cada círculo, presididas por una gran pilastra oquedada. Se atribuían a los adoradores de la luna. Trece lunas al año, con veintiocho días lunares cada una. El estudio e investigación sobre tal curiosidad lo tiene realizado el mentado inspector don Antonio Justel, publicado en 30 el Boletín de la Inspección de León, n° 19, de enero de 1970. Las piedras se llevaron al alto del Portillo de Puente Castro; algunas sirvieron para basamento de la estatua del Quijote, de Víctor de los Ríos, que posteriormente se trasladó al campus universitario…
Todos los canales responden a una leyenda, mejor un mito por su carácter sagrado, que se tejió sobre estos yacimientos de oro, llamada la leyenda de La Griega.
Es La Griega la mujer atea que se alza llena de soberbia ante las divinidades lanzando frases de desafío: “Quiera Dios o no quiera, no ha de moler el molino hasta que lo diga La Griega”. Y La Griega camina hilando un copo de lana con la rueca incrustada en la cinta del mandil, y moviendo el fuso que gira vertiginoso. Va en madreñas, hundiendo los tarugos por el terreno, por donde se ha de trazar el. canal. Luego tapaba con el mandil para remansar el agua. Responde todo al lavado del mineral aurífero. Las aguas se remansan, se practican pozos y galerías por el terreno; cuando La Griega lo manda se suelta el agua embalsada que arruina el monte, la “ruina montium”. Luego se lava la tierra, el lodo, se extienden árgomas y pieles de carnero con la lana recortada ocupando la baja pradera, a fin de que entre la lana se detenga el polvillo de oro o las pepitas. Este fue el origen del mito del vellocino de oro. Por este procedimiento se formó el gran socavón de La Quebrantada en Vegas del Condado, monte que se arruinó en gran tajo que llegaba hasta el Porma, para el lavado aurífero de las arrugia. Allí se habla de Los Molinos de La Griega. También se sostiene el mismo mito de Los Molinos de La Griega en Villarroquel, hasta donde llegaba el canal que nacía en Santiago de Las Villas y venía por el alto del Cillerón a Camposagrado, donde aun subsisten los legendarios Pozos de Colinas, que dice la tradición se practicaron para ocultarse los cristianos de Pelayo, al mando del capitán Colinas de Benllera y sorprender a los agarenos cuando se bañaban en el Valle de Mala Muerte. Los pozos son respiraderos del canal. Ya hubo en ellos una excavación en el año 1924 por don Alfredo, vecino de Benllera, descubriendo a doce metros de profundidad la acequia de agua y las pilastras del cuadro que enmarcaba la conducción. También atestigua don Antonio Justel, inspector jefe provincial de educación básica, que los Pozos de Colinas son respiraderos del canal para el lavado aurífero, según sus investigaciones, y que además, la pendiente de deslizamiento del agua suponía un siete por mil, apropiada para fluir por su propio peso. Este canal del Cillerón nacía en Santiago de Las Villas, en la parte alta del riachuelo Torre, donde hay una quebrada de caliza, propia para cerramiento y embalse de agua. El paraje es encantador, con el chozo merinero a su vera. Atravesaba la peña por una cueva que aun se conserva, donde la legendaria dice que hay soterrada una bolera toda de oro. Canal aurífero se aprecia aun en el Valle Gordo, que viene desde Peña Cefera hasta el lugar denominado Las Pozas. Por cierto, que al lado de la carretera, en Camposagrado, donde hoy existe la plantación forestal de pinos, había una serie de trece círculos de enormes piedras, con veintiocho piedras cada círculo, presididas por una gran pilastra oquedada. Se atribuían a los adoradores de la luna. Trece lunas al año, con veintiocho días lunares cada una. El estudio e investigación sobre tal curiosidad lo tiene realizado el mentado inspector don Antonio Justel, publicado en 30 el Boletín de la Inspección de León, n° 19, de enero de 1970. Las piedras se llevaron al alto del Portillo de Puente Castro; algunas sirvieron para basamento de la estatua del Quijote, de Víctor de los Ríos, que posteriormente se trasladó al campus universitario…