A continuación se procede al "cosido" por fuera de una de sus partes, generalmente la izquierda, que hace de "asiento" del corambre. Las partes que van a ser cosidas se limpian con la "palanquilla", que es una tabla pequeña de madera. El cosido se realiza con las "tablas", especie de pinzas de madera de unos 60-70 cm. de longitud, que se usan para pillar y juntar los bordes de la piel que van a ser cosidos; unidos los bordes, se pone alrededor de ellos la "trenza" (trenzado de cuerda fina de cáñamo) que se cose a ambos lados para cerrar las aberturas. El agujero por donde pasa el cabo de cáñamo torcido se realiza con las "leznas", herramientas de madera compuestas por el "macho" que está provisto de un aguijón y la "hembrilla", que se ajusta al macho y contiene sebo como lubrificante. El cabo se tensa con los "palillos de atar", que son huesos de manilla de cordero o cabrito que han de estar crudos para que estén duros y se pueda hacer más fuerza con ellos.
Efectuadas estas operaciones, se mete en agua corriente unas doce horas, para que ablande y poder mejor "hormar" el pellejo, que es hincharlo lo más que se pueda, para darle forma.
El siguiente paso es el "curtido", que se realiza con agua y "roña", que es la cáscara o corteza de pino o encina que se utiliza molida.
Se usan las dos o bien una sola (generalmente, por ser ésta zona de pinares, se usa más la de pino). La roña de pino "pasa" más; es decir, penetra más en la piel, mientras que la de encina blanquea más. La proporción entre agua y roña es de unos 20-25 kg. de roña y 30 L. de agua por pellejo. Una vez que se ha echado la roña y el agua, se hincha con el "fuelle" lo más que se pueda y se tiene así durante ocho días, dándole la vuelta cada dos horas para que se reparta por igual. A los ocho días se le quita el aire y se mete la boca hacia adentro, para que se curta, y se tiene así otros ocho o diez días más. Pasado este tiempo, se saca el liquido, que se conserva para otros curtidos, y se tira la roña ya usada.
Vacío el pellejo, se hincha, y con una cucharilla pequeña se limpia bien para que expulse el agua que ha absorbido ("abalear"), y bien seco se engrasa con aceite de oliva. Se vuelve el pellejo con ayuda del palo botanero y se hincha de nuevo para que la piel de dentro chupe bien el aceite y quede suave. Una vez seca, se extiende sobre una estera de esparto y se "soba" (pisa) con alpargata de esparto también para ensuavecerla.
A comienzos del verano, se procede al "empergao" o "empegao". Para ello, se mezcla "pez" en caliente con aceite de oliva en una proporción de un kilo de pez por cuarto litro de aceite de oliva y se echa dentro por la parte del pelo que va esquilado en escalera, apretando con la mano en todos los sentidos para que la pez penetre bien. Se vacía y se pone la "canilla", pieza de madera de forma cilíndrica y agujereada que sirve para graduar la salida de líquido a modo de grifo (el agujero transversal lleva un corcho para que el macho ajuste bien; este macho es un trozo de varilla en forma de T que cierra la espita). La parte trasera de la canilla tiene forma roscada, para sujetarla al pellejo, al que se ata con hilo de cáñamo, poniéndose después el "collarejo", que es una tira de cuero que remata la atadura principal.
(Para las "botas" la piel ya curtida es cortada con una plantilla para dar la capacidad deseada, cosiéndose en un lateral; el proceso de empergao es el mismo, pero en la bota en vez de canilla se pone un "brocal", que es una pieza torneada de asta de toro compuesta de tres partes: una que se cose a la bota con una rosca interior y alberga a otra, que es por donde se bebe, y una tercera o tapón. Estos brocales se traían de San Feliu de Torelló, pero ahora son de plástico.) Este es el proceso de fabricación del corambre, nombre genérico del pellejo de vino. Pero el botero no sólo realiza corambres, también hace "botarrones", que son como los pellejos, pero hacen 20 litros, "pellejos de vaso", que se diferencian tanto por su capacidad (32 L.) como por su embocadura, que es una pieza de madera labrada en forma de vaso agujereada y la cual se cierra con un palo, y una gran variedad de botas que viene determinada por su capacidad (medio cuartillo, cuartillo, cuartillo y medio, etc.).
La importancia de esta profesión ha decrecido, hasta tal punto que hoy son escasos los boteros en nuestra región; en Burgos todavía quedan tres o cuatro, uno en Cantalejo (Segovia) y don Federico Santacruz en Valladolid. El trabajo se limita hoy tan sólo a la fabricación de botas y a la reparación de pellejos y botas.
La comercialización del vino se realizaba antes casi exclusivamente con pellejos; era similar a lo que hoy sucede con las bombonas de butano: un establecimiento se abonaba y se le llevaba un pellejo de vino lleno, y cuando lo tenían vacío se cambiaba por otro; incluso el pellejo se usaba directamente en el despacho de vinos. Hoy, con el cristal y los camiones cisternas, esta profesión tan tradicional e importante en su día, ha perdido la importancia que tenía en otros tiempos. No obstante, ningún recipiente podrá nunca igualar el buen sabor del vino tomado en bota.
Efectuadas estas operaciones, se mete en agua corriente unas doce horas, para que ablande y poder mejor "hormar" el pellejo, que es hincharlo lo más que se pueda, para darle forma.
El siguiente paso es el "curtido", que se realiza con agua y "roña", que es la cáscara o corteza de pino o encina que se utiliza molida.
Se usan las dos o bien una sola (generalmente, por ser ésta zona de pinares, se usa más la de pino). La roña de pino "pasa" más; es decir, penetra más en la piel, mientras que la de encina blanquea más. La proporción entre agua y roña es de unos 20-25 kg. de roña y 30 L. de agua por pellejo. Una vez que se ha echado la roña y el agua, se hincha con el "fuelle" lo más que se pueda y se tiene así durante ocho días, dándole la vuelta cada dos horas para que se reparta por igual. A los ocho días se le quita el aire y se mete la boca hacia adentro, para que se curta, y se tiene así otros ocho o diez días más. Pasado este tiempo, se saca el liquido, que se conserva para otros curtidos, y se tira la roña ya usada.
Vacío el pellejo, se hincha, y con una cucharilla pequeña se limpia bien para que expulse el agua que ha absorbido ("abalear"), y bien seco se engrasa con aceite de oliva. Se vuelve el pellejo con ayuda del palo botanero y se hincha de nuevo para que la piel de dentro chupe bien el aceite y quede suave. Una vez seca, se extiende sobre una estera de esparto y se "soba" (pisa) con alpargata de esparto también para ensuavecerla.
A comienzos del verano, se procede al "empergao" o "empegao". Para ello, se mezcla "pez" en caliente con aceite de oliva en una proporción de un kilo de pez por cuarto litro de aceite de oliva y se echa dentro por la parte del pelo que va esquilado en escalera, apretando con la mano en todos los sentidos para que la pez penetre bien. Se vacía y se pone la "canilla", pieza de madera de forma cilíndrica y agujereada que sirve para graduar la salida de líquido a modo de grifo (el agujero transversal lleva un corcho para que el macho ajuste bien; este macho es un trozo de varilla en forma de T que cierra la espita). La parte trasera de la canilla tiene forma roscada, para sujetarla al pellejo, al que se ata con hilo de cáñamo, poniéndose después el "collarejo", que es una tira de cuero que remata la atadura principal.
(Para las "botas" la piel ya curtida es cortada con una plantilla para dar la capacidad deseada, cosiéndose en un lateral; el proceso de empergao es el mismo, pero en la bota en vez de canilla se pone un "brocal", que es una pieza torneada de asta de toro compuesta de tres partes: una que se cose a la bota con una rosca interior y alberga a otra, que es por donde se bebe, y una tercera o tapón. Estos brocales se traían de San Feliu de Torelló, pero ahora son de plástico.) Este es el proceso de fabricación del corambre, nombre genérico del pellejo de vino. Pero el botero no sólo realiza corambres, también hace "botarrones", que son como los pellejos, pero hacen 20 litros, "pellejos de vaso", que se diferencian tanto por su capacidad (32 L.) como por su embocadura, que es una pieza de madera labrada en forma de vaso agujereada y la cual se cierra con un palo, y una gran variedad de botas que viene determinada por su capacidad (medio cuartillo, cuartillo, cuartillo y medio, etc.).
La importancia de esta profesión ha decrecido, hasta tal punto que hoy son escasos los boteros en nuestra región; en Burgos todavía quedan tres o cuatro, uno en Cantalejo (Segovia) y don Federico Santacruz en Valladolid. El trabajo se limita hoy tan sólo a la fabricación de botas y a la reparación de pellejos y botas.
La comercialización del vino se realizaba antes casi exclusivamente con pellejos; era similar a lo que hoy sucede con las bombonas de butano: un establecimiento se abonaba y se le llevaba un pellejo de vino lleno, y cuando lo tenían vacío se cambiaba por otro; incluso el pellejo se usaba directamente en el despacho de vinos. Hoy, con el cristal y los camiones cisternas, esta profesión tan tradicional e importante en su día, ha perdido la importancia que tenía en otros tiempos. No obstante, ningún recipiente podrá nunca igualar el buen sabor del vino tomado en bota.