Cántabros y astures van a vivir en los Picos de Europa. Vadinienses, Concanos, Orgenomescos, Lugones, Selenos, se reparten los dominios montaraces. Caza, pesca y pastoreo.
Pero doscientos años antes de Cristo entran las legiones romanas, y hasta el año veintinueve no se van a dar cuenta que por las buenas no consiguen dominar estos territorios, los más bravos de Iberia. Roma, dueña del mundo no consigue serlo de Astúrica y Cantabria, de los Picos de Europa.
Caudillos que sobresalen, Corocotta que recibió el precio y premio por su propia captura; Gauson, Liranto y el príncipe Astur.
Cántabros y astures sólo serán vencidos por la exterminación de la crucifixión, la venta en las Gallias. Montes Mampodre, de "manos podadas- significó un suplicio; y en diez años de guerras del 29 al 19, cántabros y astures van a ser confinados por tierras de las márgenes del Esla, desde Mansilla a Benavente. Bérgidum, Lancia, Astorga, se van a borrar del mapa astur para convertirse en ciudades romanas.
Por los Picos de Europa van a brotar las leyendas que hoy entusiasman a las gentes turistas, que buscan la geografía y la historia, el costumbrismo y la leyenda, la gastronomía típica y el deporte de montaña, la nieve, la caza, la trucha, la brisa y el sol, y el verdor esmeralda del prado o la campiña.
Y como en los Picos de Europa hallaron su sepultura las huestes agarenas, y brotó Pelayo como bastión inexpugnable para clavar una bandera que se va a enarbolar ocho siglos, pues ahí quedan también los motivos para cubrir las masas de caliza de mitos legendarios de moros y cristianos.
Y así se habla del príncipe Astur, el bravío montañés que quiso buscar una esposa lejos de sus tierras, con tanto orgullo de raza que no la quería inferior a la mujer que tuvieran los dioses.
Y así fue hasta la isla de Creta, la del rey Minos, hijo de Júpiter y de Europa. Allí encontró a Europa, robada por el dios del Olimpo en Fenicia al rey Agenor; porque Júpiter se había convertido en toro blanco hasta ser acariciado por la princesa Europa; y la pudo raptar y pasó el mar a nado y llegó a Creta donde las Horas le había preparado el lecho nupcial. Nació Minos, el que sería rey.
Pero el príncipe Astur se enamoró de Europa, la raptó nuevamente y la trajo a la fragosidad de su monte Vindius, que desde entonces se denominó ya Picos de Europa.
La leyenda se atestigua por Fray Francisco de la Sota, monje de Santo Toribio de Liébana, que escribió en 1681 la "Crónica de los Príncipes de Asturias y Cantabria".
Y la leyenda de la Corona, donde fué levantado Pelayo sobre el pavés y proclamado rey. La tragedia ocurrida en Cosgaya al desprenderse el alud y sepultar a los agarenos, que al mando de Alkama querían buscar la salida hacia los altos de Piedrasluengas. Así lo relata la Crónica Rotense, escrita por el obispo Sisnando, natural de Liébana, el año 833. Y allí pereció Alkama.
Y la otra leyenda en que Pelayo apresó a Don Oppas el traidor, que venía de mediador político; obispo y tío de Florinda La Cava, la bella moza burlada por Don Rodrigo el último rey godo. Pelayo sometió a Don Oppas a dar vueltas a la rueda de un molino, allí encadenado, el roy-roy de las cataratas del Cares, y que por fin fué precipitado el traidor en una de sus gargantas.
Allí terminó sus días Don Oppas, el que había pasado a cuchillo la leonesa villa de Valderas.
Pero doscientos años antes de Cristo entran las legiones romanas, y hasta el año veintinueve no se van a dar cuenta que por las buenas no consiguen dominar estos territorios, los más bravos de Iberia. Roma, dueña del mundo no consigue serlo de Astúrica y Cantabria, de los Picos de Europa.
Caudillos que sobresalen, Corocotta que recibió el precio y premio por su propia captura; Gauson, Liranto y el príncipe Astur.
Cántabros y astures sólo serán vencidos por la exterminación de la crucifixión, la venta en las Gallias. Montes Mampodre, de "manos podadas- significó un suplicio; y en diez años de guerras del 29 al 19, cántabros y astures van a ser confinados por tierras de las márgenes del Esla, desde Mansilla a Benavente. Bérgidum, Lancia, Astorga, se van a borrar del mapa astur para convertirse en ciudades romanas.
Por los Picos de Europa van a brotar las leyendas que hoy entusiasman a las gentes turistas, que buscan la geografía y la historia, el costumbrismo y la leyenda, la gastronomía típica y el deporte de montaña, la nieve, la caza, la trucha, la brisa y el sol, y el verdor esmeralda del prado o la campiña.
Y como en los Picos de Europa hallaron su sepultura las huestes agarenas, y brotó Pelayo como bastión inexpugnable para clavar una bandera que se va a enarbolar ocho siglos, pues ahí quedan también los motivos para cubrir las masas de caliza de mitos legendarios de moros y cristianos.
Y así se habla del príncipe Astur, el bravío montañés que quiso buscar una esposa lejos de sus tierras, con tanto orgullo de raza que no la quería inferior a la mujer que tuvieran los dioses.
Y así fue hasta la isla de Creta, la del rey Minos, hijo de Júpiter y de Europa. Allí encontró a Europa, robada por el dios del Olimpo en Fenicia al rey Agenor; porque Júpiter se había convertido en toro blanco hasta ser acariciado por la princesa Europa; y la pudo raptar y pasó el mar a nado y llegó a Creta donde las Horas le había preparado el lecho nupcial. Nació Minos, el que sería rey.
Pero el príncipe Astur se enamoró de Europa, la raptó nuevamente y la trajo a la fragosidad de su monte Vindius, que desde entonces se denominó ya Picos de Europa.
La leyenda se atestigua por Fray Francisco de la Sota, monje de Santo Toribio de Liébana, que escribió en 1681 la "Crónica de los Príncipes de Asturias y Cantabria".
Y la leyenda de la Corona, donde fué levantado Pelayo sobre el pavés y proclamado rey. La tragedia ocurrida en Cosgaya al desprenderse el alud y sepultar a los agarenos, que al mando de Alkama querían buscar la salida hacia los altos de Piedrasluengas. Así lo relata la Crónica Rotense, escrita por el obispo Sisnando, natural de Liébana, el año 833. Y allí pereció Alkama.
Y la otra leyenda en que Pelayo apresó a Don Oppas el traidor, que venía de mediador político; obispo y tío de Florinda La Cava, la bella moza burlada por Don Rodrigo el último rey godo. Pelayo sometió a Don Oppas a dar vueltas a la rueda de un molino, allí encadenado, el roy-roy de las cataratas del Cares, y que por fin fué precipitado el traidor en una de sus gargantas.
Allí terminó sus días Don Oppas, el que había pasado a cuchillo la leonesa villa de Valderas.