La Mora (III): "La Oración del Pastor" (de Carmen Madreña Roja)
ORACIÓN DEL PASTOR
Largos días de lluvia, temblando bajo el gabán
qué tristes pacen
la hierba enlagrimada, la hierba triste
de estas laderas tristes
qué solos pacen
los últimos brotes del otoño
los últimos rebaños.
Largos días de pastores ateridos
que han perdido el rumbo y la cuenta
de las reses muertas
por los últimos, llovidos senderos.
Tristes niños conduciendo a las cimas
ganado hambriento de sol.
En las cumbres henchidas de olvido
las águilas han puesto huevos blancos de muerte,
eutanasia para el ganado inútil.
Vuestros ojos, antaño de pastores,
verán sus belfos amarillos
hundidos en la nieve,
arañando con hambrienta furia
la espalda blanca del invierno.
Los oiréis mugir mientras tengáis oidos
iréis con su balido a cuestas
por pasillos anochecidos y lluviosos.
La oficina de empleo
cierra mucho antes del atardecer
y hay que tener muchos documentos en regla.
En el lugar de donde venimos
un hombre era un hombre,
bastaba su palabra.
Y ya nunca más seréis pastores,
aunque el gemido de las reses
atormente vuestros oídos;
aunque anegue vuestra boca
de savia de belfos amarillos.
Jamás seréis de nuevo pastores.
Y los diccionarios y las conversaciones
dirán pastor significando nada.
Y sin embargo, bajo el gabán, temblando,
nunca seréis otra cosa que pastores.
Carmen Madreña Roja. Manual de Pastores.
ORACIÓN DEL PASTOR
Largos días de lluvia, temblando bajo el gabán
qué tristes pacen
la hierba enlagrimada, la hierba triste
de estas laderas tristes
qué solos pacen
los últimos brotes del otoño
los últimos rebaños.
Largos días de pastores ateridos
que han perdido el rumbo y la cuenta
de las reses muertas
por los últimos, llovidos senderos.
Tristes niños conduciendo a las cimas
ganado hambriento de sol.
En las cumbres henchidas de olvido
las águilas han puesto huevos blancos de muerte,
eutanasia para el ganado inútil.
Vuestros ojos, antaño de pastores,
verán sus belfos amarillos
hundidos en la nieve,
arañando con hambrienta furia
la espalda blanca del invierno.
Los oiréis mugir mientras tengáis oidos
iréis con su balido a cuestas
por pasillos anochecidos y lluviosos.
La oficina de empleo
cierra mucho antes del atardecer
y hay que tener muchos documentos en regla.
En el lugar de donde venimos
un hombre era un hombre,
bastaba su palabra.
Y ya nunca más seréis pastores,
aunque el gemido de las reses
atormente vuestros oídos;
aunque anegue vuestra boca
de savia de belfos amarillos.
Jamás seréis de nuevo pastores.
Y los diccionarios y las conversaciones
dirán pastor significando nada.
Y sin embargo, bajo el gabán, temblando,
nunca seréis otra cosa que pastores.
Carmen Madreña Roja. Manual de Pastores.