MANZANEDA DE OMAÑA: LEÓN COMO YO LO VI...

LEÓN COMO YO LO VI

Dedicado a mis paisanos cazurrines de dentro y de fuera. Este relato me lo envió, ya hace unas fechas, nuestro querido compañero Carlos Muñiz Iglesias, el hermano intermedio de Quique Ideas y de Paco Chisco. Un abrazo para los tres, hoy uno especial para el intermedio. Es el retrato de un León de los 50 y primeros años 60 que, por gracia o desgracia, va desapareciendo.

León es una ciudad dormida en si misma que se abraza a la Catedral bella y hermosa, que eleva sus torres para mirar o para que la miren desde los barrios que se desparraman extramuros de unas murallas desdentadas y profanadas con edificaciones recostadas en sus muros.

La calle Ancha rueda desde la catedral y en su caída buscan acomodarse los edificios donde el comercio enseña sus géneros variados con escaparates de amplias lunas. En los pisos, balcones de hierros de forja trabajada. Las calles que la cruzan nacen o mueren en ella, también la imitan ofreciendo de los comercios sus especialidades, bares y tabernas.

Al llegar a la Plaza de las Palomas se allana y espanta para dejar horizontes a la casa de Botines, palacio de piedra con formas caprichosas a las que Gaudí dio forma.

El Palacio de los Guzmanes lo contempla con su sobriedad. Sin inmutarse se sabe más perfecto.

La Iglesia de San Isidoro le da la espalda par no ver los ordinarios de la plaza de las palomas, o de los limpiabotas, pues allí ejercen su oficio sentados en sus diminutas banquetas que llevan cogidas del brazo, mientras pregonan su cantinela, "limpia "…

En los veranos Mirantes vende helados de capirucho a dos colores. En los fríos inviernos la maquinita del tren asa castañas a peseta la docena....

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