La mañana de San Juan, origen o manifestación de gran número de creencias, es casi, a lo largo de los siglos, una fórmula romancística; un octosílabo modelo. Cientos de versiones atestiguan la popularidad de la fiesta y arrojan cierta luz sobre los ritos y celebraciones que tenían lugar en la alborada del 24 de junio. Tales temas dejan ver a través de su trama, o de parte de ella, tres características fundamentales que rodean la celebración del solsticio de verano: El amor, el combate como alarde, y la magia.
EL AMOR
El primer aspecto, el amoroso, el puramente galante, puede verse reflejado en los siguientes romances:
Yo me levantara madre
mañanica de sant Juan:
vide estar una doncella
ribericas de la mar.
Sola lava y sola tuerce
sola tiende en un rosal
mientras los paños s'enxugan
dize la niña un cantar
do los mis amores do los
donde los yre a buscar
mar abaxo mar arriba
diziendo iba un cantar
peine de oro en las sus manos
y sus cabellos peinar
digasme tú, el marinero
que Dios te guarde de mal,
si los viste a mis amores
si los viste allá pasar.
(Versión del Cancionero de Anvers, 1550) (1).
EL AMOR
El primer aspecto, el amoroso, el puramente galante, puede verse reflejado en los siguientes romances:
Yo me levantara madre
mañanica de sant Juan:
vide estar una doncella
ribericas de la mar.
Sola lava y sola tuerce
sola tiende en un rosal
mientras los paños s'enxugan
dize la niña un cantar
do los mis amores do los
donde los yre a buscar
mar abaxo mar arriba
diziendo iba un cantar
peine de oro en las sus manos
y sus cabellos peinar
digasme tú, el marinero
que Dios te guarde de mal,
si los viste a mis amores
si los viste allá pasar.
(Versión del Cancionero de Anvers, 1550) (1).