MANZANEDA DE OMAÑA: Últimas carreras antes de la libertad...

Últimas carreras antes de la libertad

Canta un excelente poeta sudamericano, Rafael Amor, cómo se puede ser feliz al final de una larga lista de cárceles que te impone la vida. Y hasta las enumera: el jardín de infancia, el colegio de las letras, la primera comunión, el instituto, la universidad, el matrimonio, el trabajo y, finalmente, la residencia de ancianos donde se cierra el círculo y vuelves a ser un niño que te llevan de la mano, te dan de comer a la boca, te atan a la silla, te acarician ante tu indefensión.

Pese a ello, nos aferramos a esta vida de prisiones y nadie quiere caminar hacia el cielo que claman los púlpitos, gloria eterna dicen.

Ahí tienes la imagen. Un niño por los pasillos de una de las primeras cárceles de su vida, el colegio. Se le ve feliz, es evidente, como cualquier niño que juega, pero resulta que la felicidad de estos días aparece multiplicada por mil pues es la que precede a la libertad de las vacaciones, a la libertad de verdad, a la que no figuraba en la lista de prisiones. Feliz por abandonar una de sus cárceles, aunque se la vendamos como la gloria eterna.

Imposible olvidar viendo esta imagen la reflexión de otro genio de las letras en castellano, García Márquez: “A los cinco años tuve que abandonar mi educación para acudir al colegio”.

Ahora acuden a los tres años.