El viejo rito de la fiesta en círculo
Ayer, en una de esas romerías que es nuestra esencia de pueblo que celebra su historia, Camposagrado, el pueblo llano, el pueblo de a pie que decía el cronista, aprovechó para sentarse una vez más formando un círculo para ver las habilidades agarrados al cinto de los chavales más fuertes y hábiles de la tribu. Empezó la fiesta de los viejos aluches.
Se reunieron las gentes a la sombra del Santuario, que es tanto como decir a la sombra de la historia.
Ya no son las mismas gentes. Ya no son los molineros que tiraban rivales al suelo como sacos al carro, ya no son pastores que sujetaban a los rivales con la misma decisión que amarraban a las ovejas que no querían entrar a la majada, ya nos son tratantes de ganado que van de feria en feria y luchan de corro de corro, ya no son ganaderos que recorrían los montes y llegaban curtidos a las praderas de luchar.
Ya no son los mismos luchadores porque tampoco son las mismas gentes, los mismos tiempos, incluso diferentes espectadores; aunque aún acuden muchos que vieron en el centro del corro a aquellos históricos ‘titanes’, que decía Cascos.
Pero sigue siendo la misma fiesta, se mantiene el mismo rito, se siguen sentando en círculo en el centro de la pradera... en un concejo deportivo.
Ayer, en una de esas romerías que es nuestra esencia de pueblo que celebra su historia, Camposagrado, el pueblo llano, el pueblo de a pie que decía el cronista, aprovechó para sentarse una vez más formando un círculo para ver las habilidades agarrados al cinto de los chavales más fuertes y hábiles de la tribu. Empezó la fiesta de los viejos aluches.
Se reunieron las gentes a la sombra del Santuario, que es tanto como decir a la sombra de la historia.
Ya no son las mismas gentes. Ya no son los molineros que tiraban rivales al suelo como sacos al carro, ya no son pastores que sujetaban a los rivales con la misma decisión que amarraban a las ovejas que no querían entrar a la majada, ya nos son tratantes de ganado que van de feria en feria y luchan de corro de corro, ya no son ganaderos que recorrían los montes y llegaban curtidos a las praderas de luchar.
Ya no son los mismos luchadores porque tampoco son las mismas gentes, los mismos tiempos, incluso diferentes espectadores; aunque aún acuden muchos que vieron en el centro del corro a aquellos históricos ‘titanes’, que decía Cascos.
Pero sigue siendo la misma fiesta, se mantiene el mismo rito, se siguen sentando en círculo en el centro de la pradera... en un concejo deportivo.