Niños sometidos a trabajos forzados
Hay una forma de ver la vida por quienes la vivimos de otra manera, en la calle como escuela, que tenemos la impresión de que los niños de hoy tienen que haber cometido algún delito pues se pasan la vida de cárcel en cárcel.
– Cuando son felices porque ya entienden lo tierno y bello que es el calor de los pechos de mamá los arrancan de ellos para llevarlos al jardín de infancia, donde no suele haber jardín.
– Cuando están en lo mejor de su formación en las calles de la vieja localidad, jugando de caserón en caserón, deben interrumpir su educación para acudir al colegio. Y en esta etapa ya cumplen sus primeros trabajos forzados, como si el carcelero no estuviera contento con su comportamiento, y son condenados a pujar mañana y tarde por una mochila cargada de libros que son incapaces de arrastrar y van golpeando por el suelo como si fueran las bolas de aquellos presos peligrosos de las pelis de Alcatraz.
– Después van recorriendo penales más duros, con disciplinas más rigurosas, en la Primaria, ESO, Bachillerato... No es extraño que un día mi niña Paula preguntara si le quedaban tantos colegios por recorrer y al conocer su triste realidad propusiera un trato: “Voy a estudiar mucho en este cole y desapúntame de todos los demás”.
Hay una forma de ver la vida por quienes la vivimos de otra manera, en la calle como escuela, que tenemos la impresión de que los niños de hoy tienen que haber cometido algún delito pues se pasan la vida de cárcel en cárcel.
– Cuando son felices porque ya entienden lo tierno y bello que es el calor de los pechos de mamá los arrancan de ellos para llevarlos al jardín de infancia, donde no suele haber jardín.
– Cuando están en lo mejor de su formación en las calles de la vieja localidad, jugando de caserón en caserón, deben interrumpir su educación para acudir al colegio. Y en esta etapa ya cumplen sus primeros trabajos forzados, como si el carcelero no estuviera contento con su comportamiento, y son condenados a pujar mañana y tarde por una mochila cargada de libros que son incapaces de arrastrar y van golpeando por el suelo como si fueran las bolas de aquellos presos peligrosos de las pelis de Alcatraz.
– Después van recorriendo penales más duros, con disciplinas más rigurosas, en la Primaria, ESO, Bachillerato... No es extraño que un día mi niña Paula preguntara si le quedaban tantos colegios por recorrer y al conocer su triste realidad propusiera un trato: “Voy a estudiar mucho en este cole y desapúntame de todos los demás”.