El cabezón del monstruo -con rasgos entremezclados de gocho, lobo y burro zamorano- es bien visible en la talla de Montrondo. De la cruz que la santa llevaría en su mano izquierda solo queda el palo inferior y la palma del martirio desapareció por completo.
Santa Marina de Antioquía es patrona universal de las parturientas. Fascinante casualidad en una parroquia cuyas feligresas bendicen muy frecuentemente a Omaña con partos dobles. Pero vayamos al grano, porque más fascinante aún, y quizá nada casual, es la similitud entre el episodio biográfico de Santa Marina enfrentada al dragón y la siniestra leyenda atribuída a la laguna de Montrondo.
La reliquia de las eras glaciares que en Montrondo se conoce como El Llao o El Chao (El Lago), se encuentra a unos 1.800 metros de altitud, al pie de la peña de Los Dados y muy próxima a la cumbre sudoeste del Tambarón. Hay que caminar unos ocho kilómetros y salvar quinientos metros de desnivel para llegar desde el pueblo hasta allá arriba.
Como ocurrió en tiempos pasados con cualquier excepcionalidad geográfica, El Llao también mereció tener su leyenda. El mito del dragón del Llao tiene versiones que difieren algo entre un pueblo y otro o según el filandón en que se escuchen y la capacidad fabuladora del relator.
En Montrondo oí decir que, en la antigüedad remota, El Llao era morada de una serpiente descomunal que mantenía aterrorizada a toda la feligresía. Exigía que los vecinos, cada año, por la fiesta del Corpus, le entregaran una doncella.
La elección de la víctima se hacía por sorteo y, en cierta ocasión, le toco el turno a la familia de un poderoso quien, a base de dinero y coacciones, logró sustituir a su hija por la moza de una casa muy pobre.
En víspera del Corpus, cuando la humilde muchacha subía hacia El Llao para sacrificarse, saliole al paso una hermosa y dulce anciana, acaso la Virgen, quien entregándole un rosario le advirtió:
- Cuando la serpiente asome la cabeza fuera del agua, échaselo entre las fauces.
Y así ocurrió. Arrojóle el rosario y la bicha murió entre horribles estertores, con la cruz atravesada en el tragadero. El cuerpo desapareció en el fondo para siempre jamás.
Santa Marina de Antioquía es patrona universal de las parturientas. Fascinante casualidad en una parroquia cuyas feligresas bendicen muy frecuentemente a Omaña con partos dobles. Pero vayamos al grano, porque más fascinante aún, y quizá nada casual, es la similitud entre el episodio biográfico de Santa Marina enfrentada al dragón y la siniestra leyenda atribuída a la laguna de Montrondo.
La reliquia de las eras glaciares que en Montrondo se conoce como El Llao o El Chao (El Lago), se encuentra a unos 1.800 metros de altitud, al pie de la peña de Los Dados y muy próxima a la cumbre sudoeste del Tambarón. Hay que caminar unos ocho kilómetros y salvar quinientos metros de desnivel para llegar desde el pueblo hasta allá arriba.
Como ocurrió en tiempos pasados con cualquier excepcionalidad geográfica, El Llao también mereció tener su leyenda. El mito del dragón del Llao tiene versiones que difieren algo entre un pueblo y otro o según el filandón en que se escuchen y la capacidad fabuladora del relator.
En Montrondo oí decir que, en la antigüedad remota, El Llao era morada de una serpiente descomunal que mantenía aterrorizada a toda la feligresía. Exigía que los vecinos, cada año, por la fiesta del Corpus, le entregaran una doncella.
La elección de la víctima se hacía por sorteo y, en cierta ocasión, le toco el turno a la familia de un poderoso quien, a base de dinero y coacciones, logró sustituir a su hija por la moza de una casa muy pobre.
En víspera del Corpus, cuando la humilde muchacha subía hacia El Llao para sacrificarse, saliole al paso una hermosa y dulce anciana, acaso la Virgen, quien entregándole un rosario le advirtió:
- Cuando la serpiente asome la cabeza fuera del agua, échaselo entre las fauces.
Y así ocurrió. Arrojóle el rosario y la bicha murió entre horribles estertores, con la cruz atravesada en el tragadero. El cuerpo desapareció en el fondo para siempre jamás.