Son incontables los poetas y novelistas que encuentran inspiración en estas fronteras, debiendo iniciar la nómina con Julio Llamazares, cuyo bellísimo libro “El río del olvido“ merece una mención especial: La de haber contribuido más que ningún tratado o estudio socioeconómico al conocimiento y valorización de toda la comarca de ´las cabeceras de los ríos´.
A su figura se debe añadir la de Jesús Fernández Santos, un novelista enamorado del Curueño, desde su molino de Cerulleda en el que vivió hasta su muerte, o a José Antonio Llamas, que retrata magistralmente estos paisajes en su libro de “Los falampos de la nieve”.
Gregorio Fernández Castañón se ocupa del territorio a través de una hermosa trilogía de publicaciones, de enorme valor estético. (“El león de mi tejado” (1999) / “Bajo el poder de las piedras” (2006) / “Ríos de pasión y fuego” (2009)).
Jesús Díez Fernández, el poeta de Sopeña, se adentra en el mundo rural de la ribera media del Curueño con su libro de cuentos “A devanar, a devanar “, un homenaje lírico a su paisaje, su cultura, sus gentes?
El espacio no permite una mayor incidencia en este capítulo vital para la idiosincrasia del territorio: La de ser un centro impulsor y transmisor de cultura, y no un mero consumidor, de forma inversamente proporcional a la nómina de sus habitantes. De ello es buen exponente la amplia cobertura literaria que envuelve al territorio.
Un índice de este interés cultural es el que se expone en la siguiente bibliografía básica sobre la zona.
A su figura se debe añadir la de Jesús Fernández Santos, un novelista enamorado del Curueño, desde su molino de Cerulleda en el que vivió hasta su muerte, o a José Antonio Llamas, que retrata magistralmente estos paisajes en su libro de “Los falampos de la nieve”.
Gregorio Fernández Castañón se ocupa del territorio a través de una hermosa trilogía de publicaciones, de enorme valor estético. (“El león de mi tejado” (1999) / “Bajo el poder de las piedras” (2006) / “Ríos de pasión y fuego” (2009)).
Jesús Díez Fernández, el poeta de Sopeña, se adentra en el mundo rural de la ribera media del Curueño con su libro de cuentos “A devanar, a devanar “, un homenaje lírico a su paisaje, su cultura, sus gentes?
El espacio no permite una mayor incidencia en este capítulo vital para la idiosincrasia del territorio: La de ser un centro impulsor y transmisor de cultura, y no un mero consumidor, de forma inversamente proporcional a la nómina de sus habitantes. De ello es buen exponente la amplia cobertura literaria que envuelve al territorio.
Un índice de este interés cultural es el que se expone en la siguiente bibliografía básica sobre la zona.