MANZANEDA DE OMAÑA: La lucha leonesa siempre había sido un juego. Un agarrarse...

La lucha leonesa siempre había sido un juego. Un agarrarse a la cintura de otro pastor para que esas largas horas cuidando vacas u ovejas no se hagan eternas. Un agarrarse a la cintura mientras esperas a que el molino haga harina del trigo.

Un medirse con los mozos del pueblo de al lado el día de la fiesta para que las mozas, sentadas en primera fila, estén orgullosos de los luchadores y lo digan por la noche en la verbena.

¿El premio? Un mazapán, un beso o escuchar el orgullo con el que la moza lo dice en el baile.

La lucha leonesa ya no es un juego. No podía ser de otra manera. Los niños ya no cuidan las vacas en los montes o las ovejas en la majada. Los molinos ya no muelen. A las mozas ya no se las escucha con el ruido de la discoteca móvil.

Y hoy, en estos tiempos, por un mazapán o un beso, casi nadie da un paso.

¿Por el honor de su pueblo? Seguramente todos digamos que sí...

Los aluches ya no son un juego. La lucha leonesa la hemos hecho otra cosa. Pero para estos niños sigue siendo un juego, no lo olvidemos, y tal vez sea bueno recordar las palabras del maestro Brosio quien estos días, hablando de otras luchas, decía como resumen: “La lucha siempre merece la pena”.

Todas las luchas.