Pa misa diba un galán - caminito de la iglesia
no diba por ir a misa - ni pa estar atento a ella,
que diba por ver las damas - las que van guapas y frescas.
En el medio del camino - encontró una calavera
mirárala muy mirada - y un gran puntapié le diera;
arregañaba los dientes - como si ella se riera.
Calavera, yo te brindo - esta noche a la mi fiesta.
No hagas burla, el caballero - mi palabra doy por prenda.
El galán todo a aturdido - para casa se volviera.
Todo el día anduvo triste - hasta que la noche llega:
de que la noche llegó - mandó disponer la cena.
Aun no comiera un bocado - cuando pican a la puerta.
Manda a un paje de los suyos - que saliese a ver quién era.
Dile, criado, a tu amo - que si del dicho se acuerda.
Dile que sí, mi criado - que entre pa ca norabuena.
Pusiérale silla de oro - su cuerpo sentara’n ella:
pone de muchas comidas - y de ninguna comiera.
No vengo por verte a ti - ni por comer de tu cena:
vengo a que vayas conmigo - a media noche a la iglesia.
A las doce de la noche - cantan los gallos afuera,
a las doce de la noche - van camino de la iglesia.
En la iglesia hay en el medio - una sepultura abierta.
Entra, entra, el caballero, - entra sin recelo’n ella:
dormirás aquí conmigo, - comerás de la mi cena
Yo aquí no me meteré, - no me ha dado Dios licencia.
Si no fuere porque hay Dios - y al nombre de Dios apelas
y por ese relicario - que sobre tu pecho cuelga,
aquí habías de entrar vivo - quisieras o no quisieras.
Vuélvete para tu casa, - villano y de mala tierra,
y otra vez que encuentres otra, - hácele la reverencia,
y rézale un paternóster, - y échala por la huesera;
así querrás que a ti t’hagan - cuando vayas desta tierra.
Recogido por don Juan Menéndez Pidal, y “recitado por Josefa Fernández, vecina de Curueña, Riello (León), en 1889”, según M. Menéndez y Pelayo, quien lo incluyó en su Antología de Poetas Líricos Castellanos
no diba por ir a misa - ni pa estar atento a ella,
que diba por ver las damas - las que van guapas y frescas.
En el medio del camino - encontró una calavera
mirárala muy mirada - y un gran puntapié le diera;
arregañaba los dientes - como si ella se riera.
Calavera, yo te brindo - esta noche a la mi fiesta.
No hagas burla, el caballero - mi palabra doy por prenda.
El galán todo a aturdido - para casa se volviera.
Todo el día anduvo triste - hasta que la noche llega:
de que la noche llegó - mandó disponer la cena.
Aun no comiera un bocado - cuando pican a la puerta.
Manda a un paje de los suyos - que saliese a ver quién era.
Dile, criado, a tu amo - que si del dicho se acuerda.
Dile que sí, mi criado - que entre pa ca norabuena.
Pusiérale silla de oro - su cuerpo sentara’n ella:
pone de muchas comidas - y de ninguna comiera.
No vengo por verte a ti - ni por comer de tu cena:
vengo a que vayas conmigo - a media noche a la iglesia.
A las doce de la noche - cantan los gallos afuera,
a las doce de la noche - van camino de la iglesia.
En la iglesia hay en el medio - una sepultura abierta.
Entra, entra, el caballero, - entra sin recelo’n ella:
dormirás aquí conmigo, - comerás de la mi cena
Yo aquí no me meteré, - no me ha dado Dios licencia.
Si no fuere porque hay Dios - y al nombre de Dios apelas
y por ese relicario - que sobre tu pecho cuelga,
aquí habías de entrar vivo - quisieras o no quisieras.
Vuélvete para tu casa, - villano y de mala tierra,
y otra vez que encuentres otra, - hácele la reverencia,
y rézale un paternóster, - y échala por la huesera;
así querrás que a ti t’hagan - cuando vayas desta tierra.
Recogido por don Juan Menéndez Pidal, y “recitado por Josefa Fernández, vecina de Curueña, Riello (León), en 1889”, según M. Menéndez y Pelayo, quien lo incluyó en su Antología de Poetas Líricos Castellanos