Los lutos de todos los olvidos
Leonesas de negro, por exigencias del guión de esa Pasión y muerte que cada año recorre las calles y cada año ellas acuden a su cita, impasibles, de luto riguroso.
Leonesas de negro por exigencias del guión que bien pudieran estarlo para llevar un luto de denuncia por el olvido de su impagable papel en la historia de esta tierra. Una por cada olvido y harían falta muchas más.
Una por aquellas que jamás se pusieron a la sombra y soportaron el calor de los trabajos al sol, en nuestros campos, y al regresar a casa cuidaron a los hijos, alimentaron a los padres y ordeñaron la leche de los desayunos.
Otra por las que trabajaron en las minas por una perra gorda, sufrieron las iras de tener familiares huidos o escondidos, vivieron en los montes cuidando los ganados, sirvieron por las casas, criaron a los hijos de otro...
También por las que en la universidad y entre libros sufrieron las miradas desafiantes de quienes se creían los dueños de los pasillos y el saber.
Una por las que velaban por los ahorros y estiraban los dineros hasta el infinito.
Que no falte otra por las que enterraron a un hijo y murieron con él aún permaneciendo vivas.
Miles en memoria de la tierra que nos han dejado, en silencio, como mujeres.
Leonesas de negro, por exigencias del guión de esa Pasión y muerte que cada año recorre las calles y cada año ellas acuden a su cita, impasibles, de luto riguroso.
Leonesas de negro por exigencias del guión que bien pudieran estarlo para llevar un luto de denuncia por el olvido de su impagable papel en la historia de esta tierra. Una por cada olvido y harían falta muchas más.
Una por aquellas que jamás se pusieron a la sombra y soportaron el calor de los trabajos al sol, en nuestros campos, y al regresar a casa cuidaron a los hijos, alimentaron a los padres y ordeñaron la leche de los desayunos.
Otra por las que trabajaron en las minas por una perra gorda, sufrieron las iras de tener familiares huidos o escondidos, vivieron en los montes cuidando los ganados, sirvieron por las casas, criaron a los hijos de otro...
También por las que en la universidad y entre libros sufrieron las miradas desafiantes de quienes se creían los dueños de los pasillos y el saber.
Una por las que velaban por los ahorros y estiraban los dineros hasta el infinito.
Que no falte otra por las que enterraron a un hijo y murieron con él aún permaneciendo vivas.
Miles en memoria de la tierra que nos han dejado, en silencio, como mujeres.