El Sábado Santo es un día litúrgicamente casi muerto, sólo se reza la Liturgia de las Horas, pero no hay misa ni Eucaristía.
Tal vez hasta lo pasamos por alto, como un mero intermezzo entre el Viernes Santo y la Misa de Vigilia, que corresponde ya al domingo.
Sin embargo, «no duerme ni descansa el Guardián de Israel», como dice el salmo; ¡Jesús está en plena actividad!:
«Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu.
En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados, en otro tiempo incrédulos, cuando les esperaba la paciencia de Dios…» (1Pe 3,18ss)
Tal vez hasta lo pasamos por alto, como un mero intermezzo entre el Viernes Santo y la Misa de Vigilia, que corresponde ya al domingo.
Sin embargo, «no duerme ni descansa el Guardián de Israel», como dice el salmo; ¡Jesús está en plena actividad!:
«Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu.
En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados, en otro tiempo incrédulos, cuando les esperaba la paciencia de Dios…» (1Pe 3,18ss)