MANZANEDA DE OMAÑA: María Teresa Mayoral...

María Teresa Mayoral
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este territorio, ocupado por el sector más occidental de la cordillera arranca al norte de los puertos de Leitariegos, Somiedo y Ventana, y más al sur del de La Magdalena. Asienta sus caseríos sobre los valles de los ríos Sil, Luna y Omañas, en sus cursos altos. Y delimita un espacio aparentemente común y compartido de la montaña leonesa. Pero este territorio está constituido, a pesar de las apariencias, por comarcas bien diferenciadas entre sí. Son las comarcas de Luna, Babia, Laciana y en el límite sur, Omaña. "Tan juntas y se distinguen -ha señalado el escritor leonés Pedro G. Trapiello-. Comparten a trozos su paisaje, pero sus trabajos, sus días y hasta su lengua son distintos".

LACIANA (La Ceana), al oeste, declina su abrupta geografía sobre el río Sil, que en su curso aquí hiende profundamente la penillanura, formando un valle estrecho al que abocan otros valles, aún más estrechos, desde divisorias imponentes como la meridional del macizo Catoute-Nevadín, y montañas arraigadas en la sensibilidad popular como el Cornón y el Muxivén al norte. Por los puertos de Cerredo, Leitariegos y Somiedo comunica Laciana con Asturias, por el de Piedrafita con Babia, y por el de La Magdalena con Omaña. Para los lacianiegos, Laciana es "El Valle", según Florentino Agustín Díez (en realidad, para todos los montañeses de León su valle es "El Valle": una seña de identidad, un sentido de apego irrenunciable). Al Valle accede el Sil por un tajo de vértigo, la Hoz Las Palomas, y de él sale por otra garganta imponente, el Padruño. Laciana fue históricamente un territorio forestal ganadero, de prados y pastizales, con las complementarias tierras de labor en el entorno de unos núcleos estratégicamente situados: cada uno a una distancia regular del próximo, y lo mismo de sus brañas hacia las que los vecinos se "alzaban" en la época estival.. El Valle acogía, donde permanecen, la mayor parte de los núcleos: Rioscuro, Villablino, San Miguel, Rabanal de Abajo; o Villaseca, Villager y los Caboalles en el descenso del puerto de Leitariegos; en terrazas, dominando el valle, se asentaron Robles, Llamas y Rabanal de Arriba; y otros formaron sus caseríos, generalmente dispersos, en el fondo practicable de angostos valles, corno Orallo, Sosas o Lumajo, este último a 1.375 metros de altitud. Unas ordenanzas concejiles regulaban la actividad del común de vecinos, hasta que la minería, con su economía de explotación intensiva y sus necesidades de instalaciones, servicios e infraestructuras, ha transformado el valle de Laciana, su función y sus núcleos, y las condiciones de vida de sus pobladores. Perviven, sin embargo, el espíritu antiguo de los hombres libres del concejo, y abundantes elementos materiales bien visibles en la arquitectura popular, tanto en las variedades de casas como en los hórreos, y sobre todo en el mantenimiento de las brañas. Villablino, desde siempre centro administrativo, comercial y de servicios, sigue siendo la populosa y activa capital del Valle y su núcleo más complejo y dinámico.

Peña Ubiña (Ubina, dicen los naturales) domina los valles de Babia que confluyen en la cuenca alta del río Luna, un río que no quiebra el paisaje con la agresividad del Sil, y de ahí la general amplitud de las llanadas donde se asientan los núcleos. Se diferencian dos Babias: la de Arriba corresponde al municipio de Cabrillanes, y la de Abajo al de San Emiliano.

Territorio astur, de resurgimiento medieval bajo el dominio todopoderoso de los Quiñones, condes de Luna, que fueron lo más parecido en el Medievo leonés a los señores de horca y cuchillo, la época de esplendor de la Mesta (institución fundada por Alfonso X en 1273) fue también la de estas tierras que vivieron, entonces, una actividad sorprendente y su correspondiente prosperidad. Más que referirse a la trashumancia como reliquia, lo que es hoy, para comprender aquel fenómeno hay que imaginarse que los pastos de verano de Babia acogían hasta doscientas cincuenta mil cabezas de ganado, por lo general ovino y mayoritariamente de merinas. Aquí pastaban las cabañas de la Orden de los Jerónimos y del monasterio de El Escorial, con los grandes rebaños de los Montenegro, el conde de La Oliva, el marqués de Albaida o el conde de los Campos de Orellana. Míticos son, en la historia de la ganadería trashumante, puertos como el de "Naves" en Pinos, "La Becerrera" en Torrebarrio, "Calderones" en Torre, "Corralines" en La Riera, entre una larguísima nómina; o las roperías de Quintanilla y de Truébano; o cañadas como La Vizana, con inicio en Torrestío. Esto conformó un estilo de vida que dejó su huella tanto en las costumbres y las formas tradicionales de vida como en algunos elementos materiales, de clara procedencia salmantina o extremeña, que sorprenden en la arquitectura de algunos sitios. Así sucede en San Emiliano, cabecera del valle de su nombre al que, en el ascenso hacia el puerto de Ventana, van confluyendo los de La Majúa, Villargusán, Genestosa, Torrebarrio, y en la parte más alta, el más agreste de Torrestío. La vida pastoril lo domina todo, y la ganadería sigue siendo la principal actividad de la comarca, practicándose en la actualidad en régimen de trasterminancia (cuando el desplazamiento de los rebaños no supera los 200 kilómetros) v en el más local de vecera o "velanda", por acuerdo entre los vecinos. Una importante feria caballar se celebra, en septiembre, en San Emiliano; la cría caballar ha sido otra actividad secular de Babia -de asturcones en origen, remozándose la cabaña con sementales andaluces y de las cuadras reales introducidos por Felipe II-, habiendo sido afamados sus caballos hasta lo legendario