Los adversarios no tienen derecho a nada; lo que hacen los adversarios siempre está mal; los adversarios no tienen nunca razón. Los del propio bando tienen derecho a todo; lo que ellos hacen siempre está bien; ellos en todo tienen razón». Una pastoral con rebufo El texto pertenece a su Instrucción pastoral sobre algunos errores modernos, publicada el 28 de enero de 1942. Un documento que, a la postre, acabaría conduciendo a Fidel García a una tragedia personal y al peor de los olvidos, consagrándose, por desgracia, una injusticia aún vigente: la ingratitud, escrita con mayúsculas, para quien arriesgó mucho más de lo que hoy, seis décadas después, pudiéramos elucubrar. La pastoral en cuestión ocupa 17 páginas del Boletín Oficial del Obispado, estructuradas de forma que recuerdan en algunos momentos la lógica con la que solían construirse las tesis tradicionales de los manuales escolásticos. Su redacción demuestra que deseaba ante todo que se comprendiera su mensaje, que «[...] más que exposición razonada de doctrinas queremos que [la pastoral] sea simple llamada de atención o voz de alerta sobre los mencionados errores». Éstos, los errores, son para él el comunista y otros, entre los que, por supuesto, se encuentra la ideología nazi. En su introducción señala como único fin para escribirla el deber que tiene todo obispo de ser fiel a la verdad, verdad que por otro lado es la primera víctima de tales errores. Resulta encomiable el coraje que demuestra Fidel denunciando el comportamiento de una casta política española que se había puesto la venda delante de los ojos y no estaba dispuesta en ningún modo a arriesgar las prebendas que los distinguían de los demás mortales. La prueba, también, esto que sigue: «[...] Porque es algo que causa pena y vergüenza ver hasta qué extremo han logrado oscurecer y pervertir esos apasionamientos y rivalidades partidistas, en la inteligencia de esta pobre humanidad, los más elementales principios de bien, de justicia y de verdad». Más adelante expone Fidel lo perniciosos que son lo que llama «el error comunista y otros errores no menos graves» para la sociedad como la ideología nazi, para concluir, por si fuera necesario, con un comentario inequívoco: «Los errores de que hemos dado una muestra, fácilmente multiplicable, en los párrafos transcritos, son tan anticristianos y aún tan antihumanos, implican tales monstruosidades religiosas, morales, sociales y políticas, y aún revelan, desde luego, en su misma contextura lógica, un pensamiento tan arbitrario, tan exorbitante y anticientífico, que no es menester comentario alguno para que la conciencia del pueblo español los rechace con energía». Desde esta óptica, no sorprende que se posicione a favor de los católicos de otros países, como los propios alemanes, por ejemplo, al hacerse eco de la Carta pastoral colectiva de los Obispos alemanes reunidos en Fulda en 1941 en la que denuncian las persecuciones a que se ven sometidos los católicos en el país germano. Y lo mismo con la carta pastoral colectiva que publican los obispos holandeses el 25 de julio de 1941 en la que los prelados denuncian la injusticia cometida contra miles de hombres que se vieron despojados de sus instituciones sociales y sometidos a una persecución que les forzaba a aceptar una concepción de la vida en abierta oposición a sus convicciones religiosas, llegando incluso a poner a las personas en la disyuntiva de elegir entre Cristo y la Alemania del Reich.