MANZANEDA DE OMAÑA: Si en el itinerario tenemos suerte, podremos admirar...

Si en el itinerario tenemos suerte, podremos admirar o compartir la alegría de la fiesta patronal, que a veces alza grímpolas increíbles con los pendones do la tierra, que solamente pueden sostener —y no se sabe cómo— unos mozos menudos, magros, hercúleos de fuerza y arrestos, que van abriendo paso a la Virgen del Castro; veremos con qué impresionante dignidad pasa la Cofradía de los hombrines de la capa parda y centenaria de la Sobarriba; nos estremecerá la gran víspera, ya motorizada, que se enajena de gozo y tradición en Carrasconte, junto a la "piedra furada", o, en fin, llenarán de seducción nuestros ojos, los del cuerpo y los del alma, la comitiva nupcial de los maragatos, la jota de Boñar, la "garrucha" de Babia y Laciana, el punteau y el bien pareau del Bierzo...

A esa gran regla general del asentamiento de nuestras aldeas junto al agua que fluye y corre, incluidas las preciosas villas, las pocas ciudades y los lugares dispersos, encontramos, por supuesto, excepciones; pocas y ya en parte superadas, como ocurre en el Páramo, que fue yermo y secarral, sin río, arroyo ni fuente, aunque tenía sus capas de agua freática y, para elevarla, sus ciconias antiguas o sus artilugios modernos, y ahora es vega ancha y fecunda, porque recibe el agua generosa del Luna, que es un río muy poético y muy sembrador. Otras excepciones pueden ser "Los Campos" o "Los Oteros del Rey", par ejemplo, pero sólo en parte, porque la influencia del Ces es grande y la del Esla mayor. Además viven mucho de la esperanza de poder regar más y mejor, ya que para beber y sonreír con e] agua a la vida tienen y aún les sobra.