A lo largo de Omaña y de sus empinados valles caudales son frecuentes las casonas nobiliarias, en general muy venidas a menos, pero con una heráldica orgullosa que se resiste a perder sus trazos.
Hace un siglo Murias era uno de los distritos de la Restauración, donde se manejaban los asuntos de toda la montaña occidental leonesa. Incluso contaba con una acreditada Colonia en Madrid, que se distinguía por su porte señorial y por el caché de los almuerzos que periódicamente organizaba en el Ritz para agasajar a los caciques de la época. Hay constancia de algunos pantagruélicos, como los dedicados a Eduardo Dato o al ministro de Fomento Cambó.
Así que la curia de Murias no era levítica, sino civil, y estaba formada por un contingente de abogados, procuradores, jueces, notarios y demás gente de tanto lustre como escaso provecho. De todo aquel postín apenas queda la desmedida casona del dieciocho que abruma al resto de su caserío. De sus zahurdas, cuando era cuartel de la Guardia Civil, partió la Cuerda de presos novelada por Tomás Salvador.
Lo más hermoso de Murias se aprecia en el camino hacia Montrondo, buscando las fuentes del Omaña. Las umbrías del río muestran montes de abedules que protegen la supervivencia de los últimos urogallos.
Hace un siglo Murias era uno de los distritos de la Restauración, donde se manejaban los asuntos de toda la montaña occidental leonesa. Incluso contaba con una acreditada Colonia en Madrid, que se distinguía por su porte señorial y por el caché de los almuerzos que periódicamente organizaba en el Ritz para agasajar a los caciques de la época. Hay constancia de algunos pantagruélicos, como los dedicados a Eduardo Dato o al ministro de Fomento Cambó.
Así que la curia de Murias no era levítica, sino civil, y estaba formada por un contingente de abogados, procuradores, jueces, notarios y demás gente de tanto lustre como escaso provecho. De todo aquel postín apenas queda la desmedida casona del dieciocho que abruma al resto de su caserío. De sus zahurdas, cuando era cuartel de la Guardia Civil, partió la Cuerda de presos novelada por Tomás Salvador.
Lo más hermoso de Murias se aprecia en el camino hacia Montrondo, buscando las fuentes del Omaña. Las umbrías del río muestran montes de abedules que protegen la supervivencia de los últimos urogallos.