MANZANEDA DE OMAÑA: No obstante, para saber si una mujer es bruja, no basta...

No obstante, para saber si una mujer es bruja, no basta con la mera sospecha. Una fórmula empleada en el Páramo leonés para saber si una mujer era bruja consistía en echar un garbanzo en la pila del agua bendita de la iglesia; en este caso la bruja saldría la última del templo.

En Zacos y La Valcueva existía la creencia de que al morir las brujas, éstas traspasaban sus poderes al estrechar la mano de otra persona. Solían buscar a sus sucesoras entre las parientes más próximas.

Ante estas arraigadas creencias acerca de las brujas y quizá por eso de que “es mejor prevenir que curar”, se han empleado todo tipo de amuletos: cruces diversas, medallas, patenas, relicarios, escapularios, evangelios, reglas de San Benito, papeles de San Francisco, campanillas, dijes, higas de azabache, cuentas de coral, cuernos, castañas de indias, etc. Este tipo de amuletos se aprecia muy bien en los trajes regionales femeninos, como es el caso de las maragatas, que visten con las donas o regalos que el novio hace a la novia, y que son collares con rosario, medallas y algunos otros amuletos.

Entre las cruces, una de las más usadas es la de CARAVACA, de enorme difusión en estas tierras como preventivo brujeril y contra las tormentas. Una cruz empleada contra los exorcismos –tengo la suerte de poseer una– es la de San Benito, aunque desconozco si ésta se ha usado en tierras de León.