Para tratar de curar el mal de ojo (culleitizo) en León se solía acudir a un cruce de caminos. En La Cabrera se utilizaba un remedio que consistía en aspirar el humo de una hoguera durante algún tiempo. Otra forma de curación era la de llevar al niño afectado al monte, exactamente a un cruce de caminos, y allí debían esperar a que pasara un caminante; en el momento en que alguno se acercaba, la mujer que había llevado al niño decía:
Hombre de buena fortuna,
quítame el culleitizo a la criatura.
El caminante, al que debemos suponer familiarizado con el rito, debía saltar por encima del niño y así quedaría curado. En San Pedro Bercianos, en la comarca del Páramo, se recogía hinojo con este fin.
Otro método empleado consistía en llevar al niño junto al horno donde se cocía el pan. Se contaban los panes que estaban dentro del horno y se lanzaba el mismo número de habas dentro. Después se acercaba el niño a la boca del horno el mismo número de veces, y a la vez se pronunciaba este conjuro:
Aire lugar
esperimenta de males.
¿Este cuerpo qué tien?
Entonces se colocaba al niño en la pala del horno, se le acercaba a la boca del mismo otras tantas veces y se decía:
Culleitizo al forno irás
y eiquí ñon volverás.
Es frecuente encontrar en la comarca de la Maragatería losetas con unos dibujos de cuatro o seis pétalos, que se colocan en las entradas de los establos y de las casas para preservar a las personas y a los ganados de las males artes de las brujas. En realidad estas losetas no son otra cosa que estelas funerarias que los romanos grababan en las lápidas de sus tumbas.
En Paradiña, para curar el mal de ojo en los animales (logramento), se pasaba una vara de acebo por el lomo y las patas del animal haciendo cruces y diciendo:
Logramento che corro,
de sete estados en fondo,
esta vara d’acebo che poño
En El Bierzo, si una pareja de bueyes tenía mal de ojo, el amo se quitaba los pantalones, frotaba a los animales con ellos y después apaleaba la prenda o bien la arrojaba a lo alto de un tejado.
Hombre de buena fortuna,
quítame el culleitizo a la criatura.
El caminante, al que debemos suponer familiarizado con el rito, debía saltar por encima del niño y así quedaría curado. En San Pedro Bercianos, en la comarca del Páramo, se recogía hinojo con este fin.
Otro método empleado consistía en llevar al niño junto al horno donde se cocía el pan. Se contaban los panes que estaban dentro del horno y se lanzaba el mismo número de habas dentro. Después se acercaba el niño a la boca del horno el mismo número de veces, y a la vez se pronunciaba este conjuro:
Aire lugar
esperimenta de males.
¿Este cuerpo qué tien?
Entonces se colocaba al niño en la pala del horno, se le acercaba a la boca del mismo otras tantas veces y se decía:
Culleitizo al forno irás
y eiquí ñon volverás.
Es frecuente encontrar en la comarca de la Maragatería losetas con unos dibujos de cuatro o seis pétalos, que se colocan en las entradas de los establos y de las casas para preservar a las personas y a los ganados de las males artes de las brujas. En realidad estas losetas no son otra cosa que estelas funerarias que los romanos grababan en las lápidas de sus tumbas.
En Paradiña, para curar el mal de ojo en los animales (logramento), se pasaba una vara de acebo por el lomo y las patas del animal haciendo cruces y diciendo:
Logramento che corro,
de sete estados en fondo,
esta vara d’acebo che poño
En El Bierzo, si una pareja de bueyes tenía mal de ojo, el amo se quitaba los pantalones, frotaba a los animales con ellos y después apaleaba la prenda o bien la arrojaba a lo alto de un tejado.