En Morales del Arcediano, pueblo cercano a Val de San Lorenzo y a la conocida ciudad de Astorga, se recuerdan remedios contra el mal de ojo, siendo el más corriente el de proteger a los niños con una cédula bendita de tela o escapulario que se decoraba con escamas de pescado haciendo un dibujo en forma de flor; dentro de éstas figuraban unos salmos en latín que se imprimían en una imprenta de Astorga. Algunos atribuyen el éxito de estas hojas de papel impresas a la figura de San Caralampio, abogado protector contra las brujas. Este mismo remedio de la cédula –también llamada nómina– se ha empleado en Astorga, el Páramo, Valdería, Valduerna y La Bañeza. En otros lugares para librar del mal de ojo a los niños se les colgaba al cuello un coral enganchado a un cordón o una figura de azabache negro en forma de mano o de cuerno, etc., llamada higa. En Valderas se creía incluso que el mal de ojo podía sufrirlo la criatura antes de nacer, provocando con ello el aborto. El hecho de que se prestara especial cuidado en proteger a los niños se debía a que eran éstos el objeto directo de este influjo maligno, cuyas consecuencias directas eran las del enflaquecimiento (anemia), la tristeza y la contracción de enfermedades que llegan a provocar la muerte. Dos refranes castellanos corroboran este aserto: “El niño murió: reventado sea el ojo que lo aojó” y “Brujas y hechiceras, malas para los niños: ¡fuego con ellas!”.